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Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


sábado, 23 de mayo de 2015

Gerda Lindell, el anillo del Titanic

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre el matrimonio Lindell, pero no sabía muy bien cómo enfocarla o si sería de interés contar mis pesquisas acerca del tema. Me he decidido a hacerlo finalmente porque creo que es un tema interesante y espero que os resulte tan fascinante como a mí. 

Elin Gerda Lindell



Hace unos años estuve investigando varios relatos de supervivientes y artículos, y me sorprendí muchísimo al comprobar que la historia no es exactamentecomo nos la habían contado. En este artículo explicaré la historia de Gerda Lindell y las conclusiones a las que he llegado gracias a los testimonios de otros dos pasajeros que vivieron con ellos el horror de la tragedia, Carl Olof Jansson y August Wennerström.


En la exposición Titanic, the Exhibition, que ha estado numerosas veces en España, se muestra uno de los objetos que más impacto causó en mí la primera vez que tuve la oportunidad de verla en el año 2,007 en Valencia.
               


Era el anillo de una pasajera de tercera clase, Gerda Lindell, que había sido encontrado en el lugar del naufragio. Sus familiares lo habían donado tras años de búsqueda y ahora por fin podía ser admirado por tantos enamorados de la historia de este Buque de los Sueños.


Vamos a conocer la historia de Gerda, de su marido y de algunos de los pasajeros que vivirían con ellos la que sería la última noche de sus vidas. 

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Elin Gerda Lindell, conocida familiarmente como Gerda, nació el jueves 5 de agosto de 1,881. Es la menor y única hija de Nils y Johanna Perssons, un matrimonio humilde que vivía en el número 1 de Gantorfta, Kvistorfa, Skane, Suecia. Gerda tiene cuatro hermanos varones. Edvard Nilsson, Anders Peter Nilsson, nacido en 1,872, Nils Petter Nilsson, nacido en 1,875 y Albert Nilsson, nacido en 1,878.

El número 1 de Gantorfta, Kvistorfa, Skane, Suecia en la actualidad. En esta ubicación crecería Gerda con sus padres y sus cuatro hermanos

Con algo más de 20 años conocería a Edvard Lindell y tras un breve romance los jóvenes se comprometieron el 25 de enero de 1,904. Para la ocasión, tal y como la tradición sueca manda, él le regaló una alianza en la que se inscribía el nombre del varón, en este caso “Edvard“ y que tras su enlace se añadiría al anillo de bodas.
Tras un año de compromiso, la feliz pareja se casó el 25 de octubre de 1,905. Gerda tenía 23 años. Edvard 29. El recién estrenado matrimonio se trasladaría a Palstorp 5, Skogsgatan 7, Helsingborg, Skane, Suecia, donde vivirían varios años.

Gerda y EdvardLindell en su casa de Skogsgatan 7, Helsingborg, Skane, Suecia

Varias informaciones aseguran que los Lindell habían tenido un hijo, sin embargo en la oficina de registro de Raus, Helsingborg no se tiene constancia de este hecho, por lo que probablemente sea un dato erróneo.
Se desconoce el año exacto, pero es sabido que el hermano mayor de Gerda emigró en algún momento de 1,900 a Estados Unidos. Este hecho despertó en la pareja el deseo de probar suerte en América y ambos se propusieron viajar al nuevo mundo en un futuro no muy lejano.
Edvard fue contratado durante cuatro años como capataz, en una fábrica de zapatos de Ramlösa, Helsingborg, su ciudad natal. Gracias a este empleo la pareja pudo dedicarse a ahorrar para poder cumplir el sueño de empezar una nueva vida en EE.UU.

Gerda y Edvard Lindell posando en su casa de Suecia antes de partir a EE.UU. Ella lleva el famoso anillo en su mano

Cuando por fin consiguieron reunir todo el dinero requerido para el viaje, la pareja solicita los papeles para poder emigrar a América. El 4 de abril de 1,912 la tramitación finaliza y los Lindell inician con emoción lo que sería el inicio de una nueva vida. La ilusión era evidente en ellos. Con pena Gerda y Edvard se despiden de sus respectivas familias. Las últimas palabras de la mujer a sus hermanos fueron,

“Cuidad mucho de papá y mamá. Esperamos volver de visita en un par de años si Dios quiere. Deseadnos suerte en nuestro camino. Es muy duro dejar nuestro querido hogar, se hace terriblemente difícil salir de aquí los dos solos…“

Tres de los hermanos de Gerda Lindell. De izquierda a derecha Albert Nilsson, Anders Nilsson y Nils Petter Nilsson.El cuarto hermano, Edvard Nilsson, se había trasladado a los Estados Unidos

Tras la triste despedida, los Lindell comienzan su largo viaje. Se dirigían al número 10 de Smith St. Hartford, Connecticut, a la casa de A. Petterson quien, seguramente, era su contacto en los Estados Unidos y éste fuese el lugar donde se establecerían allí finalmente.

En alguno de los lugares consultados, se asegura que Gerda se encontraba embarazada cuando partieron a EE.UU. Se desconoce la procedencia de dicha información ni si realmente es verídica, pero es posible que así fuese. Si realmente estaba encinta, la pareja estaría muy ilusionada con la llegada de su primer hijo. Sería un bebé tremendamente deseado. En la época, no era común que un matrimonio de tantos años no tuviese aún vástagos y posiblemente este tema les hubiese dado varios quebraderos de cabeza.

El viaje hasta su destino final, Southampton, sería largo. Tendrían que coger un barco y varios trenes para llegar al puerto donde subirían al transatlántico.
Seguramente estarían muy emocionados. Iban a cruzar el océano en un buque increíblemente grande y lujoso, incluso para los pasajeros de tercera clase.
Tras varios días de viaje, Gerda y Edvard llegan finalmente al puerto de Southampton, su última escala en Europa. Allí, el miércoles 10 de abril de 1,912 embarcan al Titanic como pasajeros de tercera clase. Su número de camarote se desconoce, pero sí podemos confirmar que se encontraría en la zona de popa de tercera clase, la reservada a familias y matrimonios.

Fotografía de la lista de pasajeros del Titanic donde aparecen manuscritos los nombres de Elin Gerda y Edvard Lindell y sus edades

En el barco el matrimonio conoció y entabló amistad con August Wennerström, Carl Olof Jansson, Gunnar Isidor Tenglin, Einar Gervasius Karlsson, Johan Charles Aplund, Johan Svensson Lundahl y Alma Palsson, que viajaba con sus cuatro hijos, Gösta Leonard, Paul Forke, Stina Viola y Torborg Danira. Todos ellos eran también suecos. En su mayoría emigraban para formar una nueva vida en Ámerica. Seguramente los Lindell pasasen gran parte del viaje en su compañía charlando sobre el destino que les depararía Estados Unidos y los sueños que querían cumplir.`

Cinco de los suecos con los que los Lindell coincidirían. Atrás, de izquierda a derecha, Johan Charles Asplund, Gunnar Isidor Tenglin y Einar Gervasius Karlsson. Delante, de izquierda a derecha, August Wennerström y Carl Olof Jansson

Tras cuatro días de travesía, el 14 de abril de 1,912, a las 23,40 horas, el Titanic colisiona fatalmente con un iceberg. El matrimonio se encontraría posiblemente durmiendo en ese momento y no fueron conscientes de la seriedad de lo ocurrido hasta mucho después.      
                                                      
El testimonio de su compatriota, August Wennerström, nos ha permitido saber que Gerda y Edvard estaban con él, Carl Olof Jansson, Gerda Dahlberg, Alma Palsson y sus cuatro hijos en la cubierta de botes por proa cuando ya el barco estaba a punto de irse a pique. El matrimonio llegó en los últimos momentos, seguramente al no haber podido acceder antes a la zona de los salvavidas como muchos otros con ellos.

Wennerström comentó en su declaración que ya no quedaban botes y que él y otros tres hombres, entre los que probablemente estarían Edvard y Carl, desataron el plegable A, que estaba situado en el lado de estribor, en la primera chimenea de proa, justo encima de los camarotes de los oficiales del buque.                                                                         
Tras varios intentos, consiguieron desatar el plegable, pero el Titanic se encontraba ya prácticamente sumergido y las prisas y el pánico del momento no permitieron que el bote fuese abierto correctamente y quedó semi inundado flotando en las gélidas aguas del Atlántico Norte.

Sobre las 2,15 de la madrugada, cuando la proa ya había quedado sumergida por completo, Gerda, Edvard, August, Carl, Alma, los cuatro niños y Gerda Dahlberg, se lanzaron al mar. Wennerström intentó coger a dos de los pequeños de Alma, pero entre el gentío se le perdieron. Ninguno volvió a ver a la mujer ni a sus hijos.                
Gerda y el resto siguieron intentando alcanzar el plegable A que se había desprendido del buque al hundirse, pero el caos reinante y el creciente pánico no ayudaban. Finalmente Edvard, August y Carl consiguieron llegar y subir al bote, pero Gerda se encontraba ya agotada y tras varios intentos desesperados por parte de los hombres por ayudarla, no logró hacerlo. La mujer se quedó agarrada en el borde de la pequeña embarcación exhausta.
Es en este momento cuando las diferentes versiones de lo ocurrido se contradicen.

La más conocida dicta que Gerda se mantuvo a flote gracias a que su esposo Edvard le agarró la mano hasta el último momento. Los dos murieron con sus manos unidas y cuando llegó el momento de separar los cadáveres, la alianza de Gerda cayó al fondo del plegable.

En otras versiones, Gerda y Edvard estuvieron agarrados de la mano hasta que el hombre se desmayó presa del agotamiento. En ese momento fue Carl Olof Jansson quien cogió la mano de la mujer hasta que comprendió que, finalmente, había fallecido y la soltó.

August Wennerström
Pero es el testimonio de August Wennerström el que, posiblemente, nos de las claves de lo que realmente sucedió. Wennerström asegura que fue él quien sostuvo la mano de Gerda mientras ella se aferraba desesperada al borde del bote. Durante la noche Gerda falleció y August soltó su mano, haciendo que el famoso anillo cayese al bote. El hombre lo vio y se lo entregó a Edvard. En ese momento Wennerström miró al hombre intentando así pedirle perdón por haber soltado a Gerda y, según palabras textuales,

"En menos de 30 minutos Edvard pareció envejecer. Se había dado cuenta de que su amada Gerda le había dejado para siempre".

Edvard, completamente devastado por la realidad, se dejó llevar por el cansancio y murió a los pocos minutos. Seguramente al desvanecerse la alianza se precipitó al fondo del bote lleno de agua.
Lo que pasó exactamente esa madrugada en el Atlántico norte nunca lo sabremos. Lo más probable sea que los tres hombres ayudasen a Gerda a subir al bote y que lo que cuenta Wennerström sea cierto.
Una pasajera de primera clase, Anna Louisa Hogeboom, relató en su testimonio la historia del plegable A y mencionó a dos mujeres que habían estado en él, Gerda Lindell y Rhoda Abbott, que sí consiguió aguantar y sobrevivió.

"Los plegables sólo eran útiles temporalmente, pronto se llenaban parcialmente de agua. En un bote de 18 o 20 personas el agua estuvo por encima de sus rodillas durante más de 6 horas. Ocho hombres de ese barco no pudieron superar el frío y murieron. Fueron echados por la borda.
También había dos mujeres en ese bote, una sucumbió después de unas horas pero la otra logró sobrevivir".

Tanto Gerda como Edvard Lindell fallecieron esa noche víctimas de la hipotermia. El cuerpo de Edvard, que se había quedado en el bote, fue lanzado al mar por el resto de los ocupantes del plegable. Los cadáveres del matrimonio Lindell nunca fueron hallados.

Después de unirse con otros botes, el Quinto Oficial Harold Lowe, capitaneando el 14, se encontró al pequeño plegable A flotando semi inundado con una decena de personas en su interior. August Wennerström y Carl Olof Jansson estaban en él aún con vida. Tras subir y poner a salvo a todos los supervivientes, Lowe abandonó el bote con tres cadáveres en él. El plegable A, de haber sido abierto correctamente, tenía capacidad para 45 hombres adultos.
Einar Gervasius Karlsson y Johan Asplund también consiguieron sobrevivir en el bote 13. Alma Palsson, sus cuatro hijos, Gerda Dahlberg y Johan Lundahl murieron en el Titanic.

En Suecia las familias de Gerda y Edvard fueron informadas de la muerte de la pareja mediante una carta enviada por la White Star Line el 30 de abril de 1,912, dos semanas después de la tragedia. En ella se recogía el pésame de la compañía naviera y la confirmación de la pérdida del matrimonio. Los padres de Gerda, Nils y Johanna, guardaron la misiva y ha sido conservada por la familia hasta la actualidad.

Nils Persson, el padre de Gerda, puso una reclamación a la White Star Line que le reportó 10,000 dólares por el fallecimiento de su hija y su yerno y 250 dólares en compensación a las pérdidas materiales. La familia recibió además 875,52 Kr (48 €) y 1,366.50 Kr (75 €) en reclamaciones de garantía. Fueron donadas por el fondo de Mansion House el 29 de mayo de 1,914, dos años después del hundimiento del Titanic.

Un mes después del naufragio, el 13 de mayo de 1,912, el buque Oceanic, propiedad de la White Star Line, se topó en su ruta, a más de 300 km del hundimiento del Titanic, con el plegable A, que contenía un terrible hallazgo. Tres cadáveres descansaban en el bote. Tras subirlos al barco, fueron inspeccionados y uno de ellos fue identificado como el pasajero de primera clase Thomson Beattie. Los cuerpos fueron envueltos en lonas. Se celebró un pequeño funeral en su memoria y los tres fueron enterrados en el mar.                      
En el interior del plegable encontraron, además, objetos tales como un abrigo con cartas dirigidas a Richard Norris Williams, pasajero de primera clase, una lata “Dan Williams” y una alianza doble. En ella había dos inscripciones. “Edvard 19-25/1-1.904” y “Edvard&Gerda 19/24-10-05”. Era el anillo de Gerda Lindell.

El RMS Oceanic, también propiedad de la White Star Line. El 13 de mayo de 1,912, un mes después de la tragedia, se encontraría en su ruta con el plegable A, donde encontrarían el famoso anillo de Gerda Lindell

El periódico Cork Examiner publicó la noticia del hallazgo en sus páginas el 16 de mayo de 1,912.

El Oceanic llevó a tierra todos los objetos y cuando la compañía White Star Line estuvo en posesión de la joya, se plantearon lanzarla al mar como símbolo de que fuese devuelta a su propietaria. Afortunadamente rectificaron y tras comprobar que la alianza provenía de Suecia, la compañía la puso en manos del consulado que, a su vez, lo envió al Departamento de Asuntos Exteriores de Estocolmo. Tras indagar, se comprobó que el anillo le había pertenecido a Gerda y se tomó la decisión de que fuese devuelto a sus padres. Sin embargo un error hizo que un periódico de Gotemburgo publicase una foto. Nils Nilsson, uno de los hermanos de Gerda, vió el anuncio y reconoció inmediatamente la alianza de su hermana, por lo que se puso en contacto con la policía. Además Nils fue a comunicarles el hallazgo a sus padres. Nils padre y Johanna recibieron la noticia con estupor y mucha tristeza. Ese pequeño objeto era lo único que les quedaba de su hija.

El 11 de junio de 1,912 se celebró un funeral en memoria de Gerda y Edvard. Dado que sus cuerpos nunca fueron encontrados, se levantó en su honor un pequeño memorial que fue instalado tanto en Helsinborg como en Gantofta, las ciudades en las que vivían respectivamente las dos familias. En el obituario se puede leer:

“Mar, gracias por todo el candor. Aparecerás y los acunarás hasta dormir en paz para toda la eternidad en su tumba. Jamás os olvidaremos, permaneceréis en nuestra memoria, porque habéis sido queridos durante vuestra vida”.

Finalmente, al día siguiente, el 12 de junio de 1,912 el padre de Gerda Lindell, Nils Perssons, pudo recuperar la alianza de su hija. La joya ha sido mantenida y cuidada con mimo durante generaciones.

El anillo de Gerda Lindell

Muchos años después Claes-Göran Wetterholm, uno de los historiadores del Titanic más laureados, encontró la historia del anillo de Gerda Lindell y se propuso encontrarlo. A pesar de encontrar los artículos que se publicaron en su época, la suerte no le ayudó y no pudo seguir la pista de la joya.

El historiador y experto en el Titanic Claes-Göran Wetterholm

En el año 1,991, un amigo de Claes fue invitado a una fiesta de cumpleaños infantil en Malmö, Suecia. En una conversación con una de las invitadas ambos comenzaron a hablar del Titanic y su tragedia. Curiosamente ella le relató que era la sobrina de un matrimonio que había sucumbido al hundimiento y le comentó que tenía en su poder un anillo de su difunta tía. La mujer era Margit Nilsson, la hija de Nils Nilsson, uno de los hermanos de Gerda. Completamente entusiasmado el hombre llamó a su amigo y le contó todo lo que Margit le había dicho. Claes muy emocionado comprendió que había encontrado, por fin, la reliquia de Gerda Lindell.
Ambos concertaron una cita con Margit y pocos días después la reunión entre Claes y la descendiente de Gerda se llevó a cabo en el museo marítimo de Malmö, donde curiosamente había una exposición relacionada con el Titanic. Margit Nilsson acudió con su hija Gunilla Genrup y ambas le mostraron orgullosas al anonadado historiador la alianza.
Claes estaba ensimismado contemplando el anillo cuando Margit, divertida, comentó,

"¡Ni que fuese tan sensacional!, lo he llevado en mi dedo durante años".


También dijo que había lucido la joya mucho tiempo, pero que tras coger algo de peso ya no le valía y ahora la guardaba en un joyero con el resto de sus alhajas. El historiador no daba crédito a lo que por fin podía contemplar. Una de las reliquias más importantes de la historia del Titanic había estado guardada durante años en un simple joyero.

En el año 2.004 Claes-Göran Wetterholm concedió una entrevista en la que narraba este momento.

“Todo fue por pura coincidencia. Estuve durante años pensando en ese anillo y esperando que llegase este momento. Por fin estaba delante de mí, podía contemplarlo. Era tal y como lo describían, incluso la inscripción. Fue muy emocionante y sorprendente. No podía parar de pensar que ese anillo había estado en el plegable A durante un mes en un mar tormentoso. Era increíble que aún siguiese allí al hallar el bote”.

En esa misma entrevista Claes también habló sobre sus impresiones de Margit Nilsson, la sobrina de Gerda.

“Margit era una mujer con la que realmente se podía hablar. Te ofrecía todo lo que estaba a su alcance. Tenía una memoria increíble”.

Finalmente, tras comprender el grandísimo valor histórico y sentimental que tenía la joya, Margit donó la alianza a Claes no sin antes hacerle jurar que cuidaría de ella con respeto y cariño. La mujer falleció en 1,998.

Gunilla Genrup, sosteniendo el anillo de su tía abuela Gerda Lindell y Joachim Smith, director de una de las exposiciones donde se exhibió la joya en Estocolmo. La fotografía es del año 2,004

Desde ese instante el anillo de Gerda Lindell ha sido exhibido en numerosas exposiciones sobre el Titanic y ha recorrido ciudades como Estocolmo, Zurich, Munich, Copenhague, Gotemburgo o Valencia, entre muchas otras.
Actualmente la joya le pertenece a Titanic Exhibition una exposición itinerante que ha recorrido varios países de Europa y que ahora se encuentra en Latinoamérica.
Desde la muerte de su madre Margit, Gunilla Genrup, sobrina nieta de Gerda Lindell, se ha involucrado mucho en numerosas asociaciones y fundaciones relacionadas con el Titanic. Ha dado varias conferencias y entrevistas sobre sus antepasados y ella misma ha explicado en varias ocasiones que siente un profundo respeto y cariño por su historia, que intenta preservar allá donde va.
Mucho se ha hablado sobre la cantidad económica desorbitada que podría llegar a costar el famoso anillo. Es por ello que cuando no se encuentra expuesto, es custodiado en una caja fuerte de alta seguridad de un banco de Estocolmo. Es mucho el temor que se tiene de que pueda ser robada. Claes comentó sobre su valor,

"He llegado a oír que vale medio millón de dólares. Es tan especial, tan famoso, tan emotivo que es imposible determinar la cantidad que puede llegar a costar…”

Pero el anillo de Gerda no es el único recuerdo que su familia conserva de ella. Rut Revert es la hija de Albert Nilsson, otro de los hermanos de Gerda Lindell y prima de Margit. Ella conserva con cariño la dolorosa carta de la White Star Line que los padres de Gerda, Nils y Johanna, recibieron el 30 de abril de 1.912 y en la que se les confirmaba la pérdida de su hija y su yerno.
Rut Revert, sobrina directa de Gerda Lindell, portando la carta recibida por la familia de Gerda en la que se les informaba de su fallecimiento y el de Edvard

El 25 de abril de 2,004 Rut concedió una entrevista en la que cuenta sus recuerdos.

“Desde pequeña recuerdo que toda la familia se afligía y angustiaba cuando se mencionaba el Titanic. A mi tío Nils (el padre de Margit) le afectaba en especial este tema, siempre decía que lo sucedido había sido horrible. Procuraba que nunca nos olvidásemos del Titanic y lo que allí pasó. Mi padre, Albert, tenía intenciones de emigrar también a los Estados Unidos como antes había hecho su hermano mayor  Edvard. Pero el naufragio lo cambió todo y su interés por ir a América se desvaneció. En casa de mis abuelos (los padres de Gerda Lindell) había siempre una corona de flores que colgaba en la salita. Recuerdo que de niña siempre me preguntaba por qué estaba allí. A menudo mis abuelos se quedaban contemplándola y hablaban en murmullos. Siempre que lo hacían se ponían muy tristes. Mi tío Edvard se había mudado a EE.UU. antes del desastre del Titanic y tenía pensado regresar de visita pero nunca lo hizo. Probablemente sintió tanto dolor por la pérdida de su hermana que tuvo miedo de coger un barco...”

Rut Revert y Gunilla Genrup

El 14 de abril de 2.012, en el Centenario del hundimiento del Titanic, la exposición Titanic Exhibition en unión con la Fundación Titanic, conmemoró la tragedia en una cena ofrecida en el Museo Marítimo de Barcelona, Cataluña, España. A ella asistieron numerosos familiares de los pasajeros del buque entre las que se encontraba Gunilla Genrup.

Gunilla Genrup e Irene Hernández, en la conmemoración del Centenario del hundimiento del Titanic en Barcelona, España el 14 de abril de 2,012

A la velada también asistió Claes-Göran Wetterholm, uno de los historiadores responsables de la exposición y en la actualidad gran amigo de Gunilla.

Edvard y Gerda Lindell fallecieron en el Titanic como tantos y tantos otros con ellos. Sin embargo su historia nunca morirá. Su anillo se encarga ahora de narrársela a todos aquellos que quieran escucharla y emocionarse con ella. Por su memoria.


 [Irene Hernández Rodríguez]

5 comentarios:

  1. Impresionante historia. De verdad tocó mi corazón.

    Gracias.

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    1. Gracias por comentarnos, me alegro de que te haya gustado. Es sin duda una de las historias más conmovedoras que tiene el Titanic y también más sorprendentes. Me resulta extraordinario que el anillo consiguiese salir ileso de la catástrofe tras tantos días a la deriva. Y verlo en directo es toda una experiencia. Si tienes oportunidad, ahora en Madrid estará la exposición que lo tiene hasta marzo. Yo desde luego pienso repetir. Gracias de nuevo.

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  2. Mónica Barbero Revert1 de marzo de 2016, 21:59

    Hola Irene!
    Soy Mónica Barbero Revert, nieta de la ya fallecida Rut Revert.
    Muchas gracias por haber investigado y habernos dado más información tanto a mí como a mi hermana y mi madre sobre lo ocurrido con Gerda , ya que siempre hemos oído historias sobre lo ocurrido con nuestros familiares pero nunca con tanto detalle.

    Mi abuela nos enseñó en varias ocasiones la carta enviada por la compañía White Star Line y siempre con mucha tristeza por lo ocurrido.
    Mi madre y yo fuimos a ver la película con ella en el cine y a pesar de verla en castellano, siendo ella sueca, estuvo profundamente emocionada por los recuerdos que le traía.

    Hablo en nombre de las tres y muy emocionadas.
    GRACIAS por tu investigación.

    Con cariño,

    Mónica.

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    1. ¡Buenos días Mónica!

      En primer lugar, ¡gracias, gracias y gracias! No imagináis lo que este comentario significa para mí. Me alegro muchísimo de que os haya gustado. Lo escribí con mucho cariño, los Lindell son dos de mis favoritos del Titanic y creí que sería un buen homenaje.

      En segundo lugar, lamento profundamente la pérdida de vuestra abuela y madre, Rut Revert. Cuando en su día estuve recopilando información, encontré esa entrevista y me pareció de lo más tierna. Se nota que los descendientes de Gerda sienten profundamente la historia. Tuve la oportunidad de conocer a Gunilla en 2.012, con motivo del Centenario del Titanic en Barcelona y jamás olvidaré el abrazo que me dio. Puedo decir que es uno de los momentos más emotivos que he vivido respecto al Titanic.

      Es un honor para mí haber leído este comentario. Lo único que hago es recopilar información y cuadrarla, no es mucho, pero siempre trabajo desde el respeto, el cariño y la intención de que la memoria de estas personas siga viva en el recuerdo, así que el hecho de que os haya emocionado es el mejor regalo. Gracias, de corazón.

      Me encantaría que nos pusiéramos en contacto, ¡os preguntaría tantísimas cosas! Os dejo mi email personal, tenemos muchos proyectos en mente y me encantaría poder contároslos de forma privada.

      rolero7@hotmail.com

      Gracias de nuevo, un abrazo.

      Irene

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  3. TE ADMIRO IRENE ,gracias a ti conozco las historias del titanic,desde pequeña siempre me llamó la atención , sentí tristeza por todas las personas que perdieron la vida y desde ahi quise indagar sobre sus historias ....

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