¡Bienvenidos a bordo!

Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


viernes, 10 de abril de 2015

Miércoles, 10 de abril de 1.912

Son las 6 de la mañana del miércoles 10 de abril de 1.912 y todo está listo para que el gran coloso que espera en el muelle 44, zarpe rumbo a su primera escala en Cherburgo.

El Titanic espera impaciente su primera viaje inaugural desde el muelle 44 del puerto de Southampton, Inglaterra

Thomas Andrews, el constructor, llega media hora más tarde. Se siente emocionado. Por fin su gran creación, su gran pasión va a enseñarle al mundo lo que puede hacer. Poco antes le había escrito una carta a su mujer Helen donde le decía,

"Mañana será reconocido al fin nuestro trabajo, el Titanic navegará por primera vez”

Hacía un par de noches que ella misma había podido comprobar el orgullo de Thomas por ese buque, sin embargo para Helen no era un motivo de alegría precisamente, le pareció una completa maravilla pero se sentía inquieta, demasiado inmenso, demasiado imponente, demasiado titánico.
Sus peores temores se verían cumplidos cinco días después. Su marido, de 39 años, moriría con su querido Titanic, dejándola viuda y con una niña de tan sólo año y medio.

Thomas Andrews

A las 7,30 llega el Capitán Smith a bordo de un taxi. A las 8,00 ordenaría poner en marcha el motor de popa. Para Edward John Smith el viaje inaugural del Titanic sería, probablemente, el último. Había aceptado dirigirlo tras haber sido capitán de su hermano gemelo, el Olympic. Sin embargo pretendía que éste fuese el colofón a su carrera, iba a jubilarse y disfrutar de su familia. Tenía 62 años y una hija de tan sólo 14 años. La dejaría huérfana de padre en menos de 5 días. El "Capitán de los Millonarios", como era conocido, se hundiría con su barco.

Capitán Edward John Smith

El tren llegó a las 9,30, transportaba sobretodo a pasajeros de segunda y tercera clase. Éstos subirían al buque a través de dos entradas diferenciadas en la cubierta C. En sus camarotes nada más llegar, estarían esperándolos unas camas completamente a estrenar, con sus sábanas y toallas nuevas y un plano del barco que les ayudaría a situarse en las estancias que les correspondían.

Carl Olof Jansson, un sueco de tercera clase de 21 años, había llegado el martes día 9 desde Parkeston, Inglaterra. Lleva tras de sí un viaje casi de película. Se había marchado de su Suecia natal prácticamente sin avisar, no había recibido los permisos para emigrar y toda la documentación necesaria había tenido que ser obtenida de manera ilegal.
Durante su trayecto había conocido a otros dos compatriotas, August Wennerstöm y Gunnar Isidor Tenglin, de quien se haría un gran amigo. Todos ellos estaban comprometidos con el socialismo y, como él, August había huído del país. En un principio iban a viajar en el Adriatic, pero la huelga de carbón hizo que fueran transferidos al gran coloso.

En el puerto Carl, August y Gunnar, conocieron a otros dos suecos también socialistas, ellos eran Johan Charles Asplund y Einar Gervasio Karlsson. Los cinco hombres se hicieron inseparables y se convirtieron en grandes amigos. 

Atrás, de izquierda a derecha, Johan Charles Asplund, Gunnar Isidor Tenglin y Einar Gervasius Karlsson. Delante, de izquierda a derecha, August Wennerström y Carl Olof Jansson.

Jansson describió así la mañana del miércoles 10 de abril.

“…En el puerto de Southampton todo el mundo estaba boquiabierto. Miles de personas curiosas se agolpaban para ver al buque más grande y elegante del mundo que iba a hacer por primera vez su ruta hacia Nueva York.
Los emigrantes fuimos alineados en largas filas. Íbamos uno a uno con las mangas subidas para que los oficiales pudiesen comprobar que ya habíamos sido vacunados y, ¡ay de aquellos que no podían mostrar bien sus marcas!, éstos eran enviados para ser pinchados de nuevo. Yo escapé como pude. Hubo varios compañeros a los que se les hinchó el brazo y yo tenía cuatro grandes y dolorosas marcas.
En una hora todo había terminado. Quedamos al fin listos para embarcar en el buque de vapor más grande del mundo, el Titanic.
Al entrar nos permitieron ir a nuestros camarotes. El mío estaba amueblado con dos literas para cuatro hombres. Era muy luminoso y bonito. Muy agradable…”

Tanto Carl como el resto de sus amigos tendrían la suerte de sobrevivir al Titanic, sin embargo sus vidas jamás volverían a ser las mismas. 

Carl Olof Jansson

Para la familia Collyer, pasajeros de segunda clase, el viaje significaba muchas cosas. Harvey, su mujer Charlotte, ambos de 31 años, y su hija Marjorie, de 8 años, dejaban para siempre su Inglaterra natal. Habían vendido todas sus posesiones, absolutamente toda su vida y sus esperanzas se encontraban a bordo del Titanic.
Los Collyer viajaban a EEUU con destino a Idaho, una población a la que varios de sus amigos habían emigrado años atrás y donde habían conseguido un gran éxito con granjas de frutas. Ellos en principio nunca se habían planteado dejar su casa para marcharse al nuevo mundo, pero tras superar Charlotte la temida tuberculosis, creyeron que un cambio de aires sería estupendo para toda la familia.

Harvey, Marojorie y Charlotte Collyer

Charlotte Collyer describió así al buque.

"El Titanic era maravilloso, mucho más espléndido y grande de lo que había soñado. Los otros barcos en el puerto parecían pequeñas conchas a su lado, y eso que eran los barcos de la American y de otras navieras que hacía unos años parecían enormes. Recuerdo que un amigo me dijo -¿No tienes miedo de aventurarte en el mar?-  Pero entonces era yo quien estaba confiada. -¿Qué? ¿En este barco?- respondí. -Ni la peor tormenta podría dañarlo..."

Apenas 5 días después no habrían perdido sólo todas sus posesiones materiales. Harvey moriría en el Titanic dejando a su mujer y su hija completamente desamparadas.

Charlotte y Marjorie Collyer tras el hundimiento del Titanic

El matrimonio Straus, él de 67 años y ella de 63, llegó al puerto de Southampton con su doncella, Ellen Bird y su mayordomo John Farthing. Atrás quedaba uno de sus habituales viajes por Europa. Su hija Beatrice les había acompañado, sin embargo regresó a América en otro buque.
La anciana pareja subió a bordo del Titanic directos a su exclusivo camarote ubicado en la cubierta C, concretamente el C-55/57. Una ilusionada Ida escribió una carta a su amiga Mrs Burbidge.

"¡Vaya barco! Tan enorme y tan magníficamente nombrado. Nuestras habitaciones están decoradas con el mejor de los gustos y lo más lujoso. Realmente son dormitorios, no camarotes."

Esta misiva fue enviada el 11 de abril, tras la parada del Titanic en su última escala en Queenstown, Irlanda.

El matrimonio propietario de los grandes almacenes Macy`s no volvería a pisar tierra firme.
Su leyenda ya forma parte de la memoria colectiva del Titanic. 
Ida se encontraba esperando junto a su doncella para poder embarcar en el bote 8, cuando un oficial le dijo a Isidor que siendo un anciano nadie le negaría la entrada. Él no quiso subir alegando que era un hombre como todos los demás. Finalmente Ida le entregó su abrigo de pieles a Ellen Bird y se volvió a su marido diciendo "hemos pasado juntos toda la vida y así seguiremos, donde tú vayas, yo iré". Ambos perecieron en el desastre. También su mayordomo John Farthing.

Isidor e Ida Straus

Lawrence Beesley viajaba a Nueva York para visitar a su hermano, viudo y con un niño pequeño. Tenía 34 años y embarcaba al Titanic como pasajero de segunda clase. 

Justo antes de partir, algunos pasajeros de segunda clase tuvieron la oportunidad de observar de primera mano, algunas de las estancias de primera clase. Lawrence Beesley fue uno de los afortunados y probó entusiasmado varios aparatos de ejercicio que se encontraban en el gimnasio.

Lawrence Beesley en el gimnasio del Titanic

Desde la cubierta del buque, pudo obsevar como retiraban las pasarelas y cómo varios fogoneros, que llegaban tarde a la cita, eran despedidos fulminantemente. Habían sido sustituidos por otros hombres que habían acudido al puerto con la esperanza de encontrar un trabajo.
En una carta escrita a su hija Kit, Beesley describe así el buque.

"El barco es como un palacio. Hay una cubierta de 165 yardas ininterrumpidas para poder hacer ejercicio y una piscina estupenda, un gimansio, una pista de squash, un gran comedor y terrazas. Mi cabina es magnífica, con agua fría y caliente, y una cama muy confortable, como toda la habitación".

El Titanic está listo para partir. Varias embarcaciones se encuentran ancladas justo a su lado, paradas debido a la huelga de carbón que se estaba produciendo esos días. Uno de los barcos que allí estaban era el New York. Cuando la proa del coloso se acercó peligrosamente al pequeño New York los amarres de éste cedieron y finalmente se soltó de su ubicación para dirigirse peligrosamente al costado del Titanic.

Lawrence Beesley, que contempló toda la escena, describió el sonido como "de disparos". Después explicaría todo el suceso en la misma carta a su hija.

"Hemos tenido una excitante experiencia justo cuando estábamos pasando el último muelle de Southampton. El New York estaba amarrado al lado del Ocenanic. La succión de este monstruoso barco mientras se acercaba, hizo que el New York se dirigiera hacia fuera y rompió sus amarras una a una. Sólo se mantuvo una en la proa. Su popa se dirigió hacia nuestro lado de babor. Los remolcadores vinieron justo a tiempo y lo ataron. El Titanic por su parte maniobró por popa e hizo que el New York se separara de nuestra proa. Otros dos remolcadores amarraron el New York, uno por proa y otro por popa y se lo llevaron de aquella esquina del muelle".


Incidente con el New York. Ilustración perteneciente al libro "El Titanic, una historia ilustrada" de Don Lynch y Ken Marschall

Finalmente el suceso queda en un susto, el New York es retirado y la proa del Titanic empieza su destino. El retraso producido por este incidente es de una hora.

 Lawrence Beesley sobreviviría al naufragio a bordo del bote 13. 

Lawrence Beesley

Para muchos el problema con el New York fue un presagio horrible de lo que estaría por suceder, pero esta es otra historia.

El Titanic por fin inauguraba su primer viaje transatlántico. Se dirigía raudo hacia el puerto de Cherburgo, Francia, donde varios pasajeros esperaban para embarcar. Sin embargo, debido al problema con el New York, llegaba con retraso.
Como el buque era demasiado grande para hacer su parada en el puerto, el remolcador Nomadic se encargaría de trasladar a los pasajeros de primera y segunda clase.
Durante esta corta travesía se produjo un pequeño incendio en la sala de calderas número 5, allí al menos diez hombres hombres se encargaron de apagarlo.
Cuando el Titanic finalmente llega a Cherburgo ya ha anochecido.

El Titanic junto al Nomadic en un cuadro del historiador gráfico, Ken Marschall

Varios pasajeros, entre los que destaca el matrimonio formado por John Jacob Astor, de 47 años, y Madeleine Talmadge Force, de 18 años, están hartos de la espera. Astor se siente indignado ante el retraso y no duda en comunicárselo a todo aquel que quiera oírle. Su joven esposa se encuentra embarazada de 5 meses y la espera la tiene tremendamente cansada. 
Los Astor suben al Nomadic, donde serían trasladados finalmente al buque que les llevaría a su destino, Nueva York. Ocuparían los camarotes C-62/64.
Tan sólo 4 anocheceres después Madeleine tendría que despedirse de su marido, a quien no le permitirían subir al bote salvavidas número 4. Quedaría viuda esa misma noche.

Madeleine y John Jacob Astor

El transbordador es pequeño pero muy confortable. Forrado con madera, todas las estancias desprenden un aire de elegancia y lujo sobrio. En la actualidad esta pequeña embarcación se encuentra en su lugar de origen, Belfast y es el único barco superviviente de la naviera White Star Line. Ha sido restaurado y puede ser visitado.

El Nomadic en la actualidad

Para la familia Laroche, residentes en París, la espera también había sido larga. Como pasajeros de segunda clase, llevan esperando a embarcar varias horas. 
Han acudido al puerto de Cherburgo en un tren y sus dos pequeñas hijas, Simonne de 3 años y Louise de 1, están ya muy cansadas. Además su madre Juliette, de 22 años, se encuentra embarazada, por lo que seguramente el agotamiento ha hecho mella en ella. 
Para el patriarca, Joseph, un ingeniero haití de 25 años, todo estaba a punto de cambiar para mejor. En París, debido a su color, no había conseguido encontrar un trabajo con el que poder mantener decentemente a su esposa e hijas . La discriminación racial era evidente en la época y la familia había pensado en emigrar a Haití, país natal de Joseph. Sin embargo el embarazo de Juliette cambió los planes y los Laroche, finalmente, decidieron partir a EE.UU. antes de que el estado de gestación fuese más avanzado. 
Joseph Laroche fue, posiblemente, la única persona negra que embarcó en el Titanic. Su mujer y sus dos hijas salvarían la vida a bordo del bote 14, sin embargo él moriría en la tragedia.
De izquierda a derecha, Simonne, Juliette, Louise y Joseph

Tras recibir a los nuevos inquilinos, el Titanic zarpó con destino a su última parada, en Queenstown (actual Cobh), Irlanda, de donde al día siguiente partiría finalmente a su viaje final, rumbo a la eternidad.


El miércoles 10 de abril de 1.912 fue un día de emociones, ilusión, nerviosismo y sobretodo un día repleto de sonrisas, sueños y esperanzas. Muchas de ellas iban a bordo del Titanic y la mayoría se quedaron con él. Hoy, 103 años después, recordamos las vidas de algunos de ellos, con la intención de que, aunque sólo sea durante este rato de lectura, podamos volver a disfrutar con ellos de este hermoso momento, permitiéndoles así volver a vivir.



[Irene Hernández Rodríguez]


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