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Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


lunes, 15 de septiembre de 2014

La Momia del Titanic

Uno de los mitos más generalizados del Titanic es el de que a bordo iba una momia egipcia que estaba maldita y que fue causante del hundimiento del Buque de los Sueños. En este post vamos a demostrar que no tiene nada de verídico y que se trata, como muchas otras cosas popularizadas acerca del Titanic, de una leyenda urbana. Comencemos.

¿Cómo surge la leyenda sobre la momia maldita del Museo Británico que relacionan con el desastre del Titanic?

Esta leyenda fue lanzada por William T. Stead, periodista y defensor del misterio y espiritismo. Stead había mostrado gran interés acerca de la momia "maldita" del Museo Británico y además tenía reservado un pasaje a bordo del Titanic. Durante la noche del 12 de abril de 1,912, varios pasajeros se pusieron a contar leyendas de fantasmas en el salón de fumadores de primera clase y una de éstas inspiraron al periodista para contar a sus compañeros de viaje la historia de la momia maldita. Incluso llegó a decirles que todo aquel que contara el relato tendría un final terrible. Frederic Seward, el único de los oyentes que sobrevivió al hundimiento se negó a repetir la historia de la maldición para no tentar a la suerte, asustado por lo que podría ocurrirle.


William T. Stead
La leyenda no tardó mucho en expandirse. Cuatro años después del hundimiento, la historia sobre que el desastre del Titanic había sido causada por una momia maldita se había generalizado.
Un artículo de Marion Ryan el 27 de agosto de 1,916 en el periódico Weekly Dispatch menciona la declaración de Sir Wallis Budge  que  afirmó categóricamente de que no hubo tal momia en el Museo Británico y que nunca la había habido. Budge negó también los rumores generalizados de que el museo había vendido un artefacto a un millonario americano que lo transportaría a América a bordo del Titanic. Añadió que,


"El núcleo de todos estos cuentos fantásticos es este. Tenemos el sarcófago que contuvo una vez la momia de una sacerdotisa de Egipto, que pudo o no haber cometido malos actos en su vida. De alguna extraña manera el  rumor que surgió alrededor de dos momias que fueron traídas a Inglaterra por personas no relacionadas en absoluto con el museo, se relacionó con el sarcófago de la suma sacerdotisa. Una de éstas pertenecía al señor Ingram y se encontraba en el Museo Británico temporalmente para una exposición antes de ser vendida por el propietario a la señora Meu. Había leyendas de que esa momia ejercía una mala energía que llegó a hacer que varias personas se cayesen, pero nunca lo han verificado. La otra momia fue llevada a Inglaterra por una inglesa rica. Ésta nunca estuvo en el Museo Británico, pero durante el tiempo que estuvo en Inglaterra hubo historias de que a ciertas personas le habían ocurrido extraños y terribles desastres bajo su influencia. Estas tragedias ocurrieron tan a menudo y tan misteriosamente que parecían ir más allá de simples coincidencias y el propietario de la momia no quiso poseerla por más tiempo, por lo que se hicieron varios arreglos para llevarlo de vuelta a Tebas y enterrarlo. Estos acuerdos se llevaron a cabo en el momento oportuno y la momia de la suma sacerdotisa dispondrá de ellos todo el tiempo, pero las historias de su maldición, que se filtraron gradualmente, parece que de un extraño modo han relacionado estos hechos o han relacionado el sarcófago con el Museo."


Con esta información podemos ver también la mala reputación atribuida al sarcófago de la momia del Museo Británico. Aún así es muy posible que las personas que anteriormente lo habían custodiado sufrieran las desgracias enumeradas anteriormente. De hecho, el 30 de septiembre de 1,916, un artículo del Ligths contiene una carta de la señorita E. Bates, quien dijo que le contó esas mismas desgracias el propio Douglas Murray, una de las "víctimas" de la maldición. La autobiografía de 1,928 de William John Warner también muestra la misma información que relató el actor durante las entrevistas personales con Douglas Murray. Pero nuestro objetivo aquí no se refiere a las desgracias coincidentes que las personas supersticiosas atribuyen a una maldición egipcia. Nos preguntamos cómo, en menos de cuatro años, la leyenda contaba que un sarcófago maldito iba a bordo del Titanic en 1,912 y fue causante del hundimiento del Buque de los Sueños. 

Ya hemos visto el interés de William T. Stead por el sarcófago del Museo Británico (junto con el que iba en el Titanic) pudo haber creado una "asociación mental" entre los dos temas en la mente de la gente en general. Curiosamente hay una excelente prueba de que, en algún momento entre 1,912 y 1,916, una determinada persona se refirió a la "asociación mental" simple y conscientemente creando la leyenda de que el sarcófago de una momia maldita iba a bordo del Titanic. La autobiografía de Peter Underwood (conocido investigador británico de lo paranormal) cuenta cómo conoció a "esa pequeña gran dama", Margaret Murray, una mujer que parecía haber llevado una vida muy interesante. La "pequeña gran dama" vivió para ver la publicación de su propia autobiografía "My First Hundred Years" y su vida, tal como la describe Underwood "alcanzaba desde viajes espaciales a los días de bicicletas de antes". Consiguió su doctorado en una época en la que las mujeres que lograban esas cosas eran consideradas brujas. Margaret también estaba interesada por la egiptología y paso gran parte de su tiempo en Egipto. Peter Underwood vio una vez una fotografía de 1,908 que la mostraba a ella cortando una momia. 


La foto de 1.908 en la que Margaret Murray (tercera por la izquierda)
aparece con una momia
La razón por la que esta mujer nos interesa es porque Margaret Murray siempre mantuvo que ella creó la historia del sarcófago de la momia maldita a bordo del Titanic.
Murray le dijo a Underwood que una mujer científica distinguida le había confesado una vez que creía en el ocultismo y que le había pedido que le contase la "verdadera historia" del sarcófago maldito del Museo Británico. Margaret decidió que si la mujer quería una buena historia, había ido al lugar correcto. Dando rienda suelta a su vena traviesa, Margaret Murray comenzó a inventarse una leyenda emocionante en beneficio de la "científica distinguida". Comenzó por decirle que iba a pasar por alto todos los casos en que había habido personas heridas mientras que el sarcófago fue transportado al Museo Británico. También se saltó muchos casos de lesiones y muertes de los visitantes y personal del museo mientra que el sarcófago estaba en exposición. Le dijo que el personal del Museo se alarmó tanto por estos percances que sustituyeron el sarcófago original por una réplica. Nadie notó nada extraño hasta que un arqueólogo estadounidense detectó la sustitución y amenazó con denunciar el fraude. El Museo explicó la razón de la sustitución y el americano, divertido por la superstición y lo pintoresco, se ofreció a comprar el sarcófago original. El Museo aceptó la oferta y el nuevo propietario subió el sarcófago al Titanic para enviarlo a Estados Unidos. Después de que el Titanic se hundiera, el contenedor flotó hasta la superficie y más tarde fue recogido por la empresa de salvamento, que transportó la reliquia a los Estados Unidos y luego esperó instrucciones del estadounidense, que seguía en Inglaterra. Pero ahora, temeroso del artefacto de la "mala suerte", el propietario instruyó a los salvaguardas que lo devolvieran al Museo Británico. Éstos colocaron la reliquia a bordo del Empress of Ireland, que se hundió en aguas canadienses con una gran pérdida de vidas. Una vez más el sarcófago flotó y fue recuperado. Después un alemán lo compró en una subasta y se lo entregó al Kaiser. Poco después comenzó la Gran Guerra.

Margaret le dijo a Peter Underwood que sentía que había creado una historia bastante buena. Se divertía constantemente contándosela a otras personas como si fuera verdad. Murray agregó que cuando llevó a los estudiantes al Museo Británico para estudiar los jeroglíficos siempre les advertía que cualquier creyente en el ocultismo debía permanecer fuera de la sala que contenía el sarcófago. Inevitablemente muchas personas creyeron la historia de Margaret y se negó la oportunidad de inspeccionar el antiguo sarcófago.

La leyenda de la maldición del Titanic aún se mantiene fuerte después de más de un siglo, pero como podemos ver no es más que eso, una leyenda.


A pesar de que Margaret Murray en sí misma no es apenas conocida, su gran sentido del humo le ha sobrevivido. Es divertido darse cuenta de que una respetada profesora fue capaz de tomarle el pelo a las personas que creían en las leyendas urbanas y que más de 100 años después sigue haciéndolo.

Margaret Murray tiene buenas razones para estar riéndose aún ¿no creéis?

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Aquí os dejamos el documental que hizo nuestro amigo Óscar Truniger, basándose en esta entrada. Seguro que os gusta.



[María Neira Domínguez]

1 comentario:

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