¡Bienvenidos a bordo!

Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


domingo, 12 de abril de 2015

Los Perros del Titanic

También denominados los olvidados, los perros que viajaban en el Titanic forman ya parte de su legendaria historia. A día de hoy desconocemos la cantidad exacta de animales que iban a bordo del buque, seguramente nunca lo sabremos. La realidad se mezcla en numerosas ocasiones con el mito y por supuesto este tema no podía ser menos. Analizaremos qué hay de cierto en las historias que se pueden encontrar circulando por la red y qué es pura ficción.

Documentados, existen 11 perros que viajaban con sus dueños en el buque. Este lujo tan sólo estaba reservado para los pasajeros de primera clase, que eran los que podían pagar el gasto extra de llevar a sus canes, el mismo coste que el de un niño. En algunos casos incluso les crearon pólizas de seguro a sus queridas y costosas mascotas, muchas de ellas animales de concurso. 

El Titanic tenía un lugar específico para los perros que viajaban en él, ubicado concretamente en la cubierta F en el costado de estribor, entremedias de la proa y la popa. Contaba con todo tipo de comodidades, desde amplias y confortables jaulas, hasta un sistema de calefacción para que no pasaran frío.



Cubierta F, lugar donde se encontraba ubicado el cuarto donde estarían los perros del Titanic

El encargado de cuidarlos era el carpintero del buque, John Hall Hutchinson, un inglés de 26 años que procuraba que las mascotas de los más ricos del buque viajaran en perfectas condiciones.
A lo largo del día los perros eran sacados a pasear por la cubierta de popa, utilizada por los pasajeros de tercera clase. Normalmente quienes se hacían cargo de estas salidas eran los botones o algún mayordomo. 
En la película "Titanic", de James Cameron, aparece una escena en la que dos personajes pertenecientes a tercera clase comentan este hecho.

-Vaya, ¡cómo no!, los perros de primera clase bajan aquí a cagar.
-Eso nos aclara dónde entramos en el esquema de las cosas.

Y quizás alguna conversación pudo ir por estos derroteros.

Fotograma de la película "Titanic" de James Cameron. De izquierda a derecha, un airedale terrier, un fox terrier, un galgo afgano y un bulldog francés. Exceptuando al galgo afgano, del cual no se tiene constancia real de que estuviese en el buque, el resto de razas son fieles a la realidad

El lunes 15 de abril el Capitán Edward John Smith, un gran amante de los perros, había organizado un desfile de mascotas para que todos pudieran deleitarse con los hermosos ejemplares que transportaba el Titanic. No podría ser. El 14 de abril, a las 23,40 horas, el buque chocaría con un iceberg que lo mataría en apenas 2 horas y 40 minutos. Tan sólo 3 de los 11 perros sobrevivirían.
La leyenda cuenta que el millonario John Jacob Astor liberó a todos los canes que se encontraban en la cubierta F. En esta escena eliminada de "Titanic", de James Cameron, se representa a los perros corriendo por la cubierta emulando seguramente este mito del que no se tiene real constancia.


El resto de animales, de los que también hablaremos en esta entrada, no tendrían ni la más mínima posibilidad.

Desde el blog "La Verdadera Historia del Titanic", como amantes de los animales, queremos darles ese protagonismo que nunca han tenido, vamos a ponerles cara y nombre en la medida de lo posible, pues aunque sean de otra especie, también lo merecen.

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Para Helen Bishop, de 19 años, su perrita Freu Freu (¿Frou Frou?), adquirida en Florencia, Italia, es su nuevo capricho. Su marido Dickinson, de 25 años, no estaba demasiado conforme con el nuevo miembro de la familia. 
De raza desconocida, se sabe que era un Toy Dog, que significa "perro de juguete" y es la manera de denominar a los ejemplares más pequeños, normalmente perros de concurso o también llamados "falderos". En algunas fuentes se asegura que Freu Freu era en realidad un Caniche Toy, aunque también hay indicios de que pudiese ser un Bichón Boloñés.

Helen Walton Bishop

La perra estaba colmada de mimos y carantoñas. La misma Helen la describió así.

“Era una perrita realmente preciosa. En cuanto la vi en Florencia la quise. A Dick no le hacía mucha ilusión, pero al enterarnos de mi embarazo me la compró como regalo. Era tan, tan bonita que cuando la fui a dejar a la sala reservada para los perros en el Titanic, el oficial me dijo que una preciosidad como ella podría dormir con nosotros. Yo la preparé una camita en nuestro camarote con unas maletas y mantas. Pero Freu Freu era revoltosa y más de una vez llegó a romperme algunos de los vestidos que posaba encima de la cama”.

Dos de las posibles razas de Freu Freu, la perrita de Helen y Dickinson Bishop. Caniche Toy o Bichón Boloñés

La noche del hundimiento el matrimonio Bishop subió rápido a la cubierta de botes. Allí se les asignó embarcar en el número 7, el primer salvavidas que salió del Titanic, a alrededor de las 00,35-00,40. Antes, habían dejado a Freu Freu en el camarote ya que, como la propia Helen dijo,

"... seguramente habría muy poca simpatía por una mujer que llevaba en brazos a su perrita cuando había mujeres y niños en juego".

La despedida de su mascota fue muy dura. A Helen le costó mucho dejarla atrás y así lo describió.

"La pérdida de mi perrita fue muy dolorosa. Nunca olvidaré cómo se aferraba a mi vestido, incluso llegando a romper la costura. Ella quería venirse conmigo..."

Freu Freu murió en el Titanic. Fue el único de los perros que no consiguió salir del camarote. Helen se había asegurado de dejarla allí. 
El matrimonio Bishop consiguió salir con vida del Titanic, sin embargo la desgracia les encontraría tan sólo unos pocos meses después. En octubre de ese mismo año Helen daría a luz a su único hijo, Randall Walton Bishop, que fallecería a los pocos días.
Al año siguiente la pareja sufrió un accidente de coche que dejaría a Helen Bishop con severos daños cerebrales. Dickinson se separaría de ella al poco tiempo, siéndole concedido finalmente el divorcio en 1.916. Ese mismo año, el 15 de marzo, Helen moriría víctima de una caída. El periódico que anunció su fallecimiento tenía curiosamente al lado, la noticia de la nueva boda de Dickinson.



Harry Anderson, de 47 años, regresaba a Manhattan tras un viaje de negocios y placer por Inglaterra, su país natal. Este corredor de bolsa subiría al buque acompañado de un precioso chow chow de quien desconocemos el nombre. 

Harry Anderson y un ejemplar de la raza chow chow, el mismo que llevaba consigo en el Titanic

No se sabe si el perro de Harry había sido comprado recientemente en su estancia por Inglaterra, o si bien venía de América. Lo que sí podemos confirmar es que este animal era utilizado para competir y que había ganado varios premios por su excelente anatomía y su innegable belleza.
El chow chow se alojaría en una de las jaulas de la habitación dedicada a los perros de la cubierta F y allí recibiría todo tipo de cuidados.

Cuando el Titanic choca con el iceberg, Harry Anderson, según las declaraciones a un periódico de la pasajera Eleanor Cassebeer, se dirigió muy pronto a la proa donde embarcaría en uno de los primeros salvavidas que salieron del Titanic, concretamente el número 3, hacia las 0,50-0,55 de la noche. Seguramente debido a lo temprano que era y a que muchas mujeres se negaban aún a subir a los botes, Harry pudo salvar la vida. También pudo influir el que el encargado de la zona de estribor donde se ubicaba su salvavidas, fuera el Primer Oficial del Titanic, William Murdoch, al cual deben la vida cerca del 70% de los hombres que sobrevivieron esa noche.
El perro chow chow no tendría tanta suerte. Encerrado en su jaula, quizás liberado por Astor hacia el final del hundimiento, moriría en el Titanic.


Elizabeth Rothschild, de 54 años, viajaba con su marido Martin, de 46 y su perrito, posiblemente un pomerania que Elizabeth adoraba.
Elizabeth Rothschild y un ejemplar de la raza pomerania, el mismo que llevaba consigo en el Titanic

El matrimonio no tenía hijos y Elizabeth suplía ese amor maternal con sus mascotas, que tendría toda su vida. El pomerania propiedad de los Rothschild, fue uno de los afortunados en viajar junto a sus dueños en el camarote. Quizás con el permiso de Hutchinson o quizás sin él, lo cierto es que Elizabeth se salió con la suya.

En el momento del choque con el iceberg, el matrimonio se encuentra descansando en su camarote de la cubierta C. Tras ser avisados por miembros de la tripulación, Martin y Elizabeth subieron a la cubierta de botes, por supuesto ella lo hizo sosteniendo a su pequeño perrito en los brazos. A alrededor de la 1,05-1,10 la mujer subió a bordo del salvavidas número 6 acompañada del pomerania. Su esposo observó desde allí como ella se marchaba para siempre. No volvería a verla. Moriría en el Titanic apenas una hora más tarde.

En el bote, nadie recordó haber visto al pomerania de Elizabeth. Seguramente debido al frío el perrito se mantuviese en silencio, mientras su dueña lo protegía con sus pieles. Cuando finalmente fueron rescatados por el Carpathia, algunos tripulantes se negaron a subir al perro, llegando a indignarse con Elizabeth, sin embargo ella insistió en que su mascota le acompañase y finalmente los dejaron pasar. Se había quedado viuda y desde ese momento vistió de luto riguroso hasta su muerte. 

Lo que ocurrió después de la tragedia con su querido perrito no se sabe a ciencia cierta. Algunos familiares aseguran que el pomerania murió en Nueva York tras ser atacado por otros perros, otras fuentes sin embargo, afirman que falleció nada más desembarcar del Carpathia cuando fue pillado por un coche. Nunca lo sabremos. 
Elizabeth tuvo perros hasta sus últimos días, para ella eran parte de su familia y así lo demostró durante toda su vida.



La joven Margaret Hays, de 24 años, regresaba a casa tras 4 intensos meses de viaje por Europa. Había acompañado a su mejor amiga, Olive Earnshaw y a la madre de ésta, Lily Potter. Durante una de sus visitas se enamoró de Lady, una pomerania que adoptaría sin pensar. Para Margaret fue un flechazo instantáneo y no se separaría de la perrita durante el resto del viaje. 
Lily se aloja sola en el camarote C-50, mientras que Margaret y Olive lo hacen en el C-54, que comparten con la pomerania.

Margaret Hays, Lily Potter y Olive Earnshaw

La colisión sorprende a las tres mujeres y a la perrita en sus respectivos camarotes. Las dos jóvenes acuden a la cabina de Lily tranquilas, sin embargo ella no lo está en absoluto. Un mayordomo les asegura que todo está en perfecto orden, que no hay razón para estar nerviosos. Finalmente les pedirían que acudiesen a la cubierta de botes, por lo que Margaret envuelve a Lady con varias mantas y juntas van hacia allí.

Un ejemplar de pomerania, la raza de Lady

Ya en la cubierta, las tres mujeres son dirigidas hacia el salvavidas número 7 donde todas, incluyendo al pomerania suben. Es posible que Margaret escondiese a la perrita entre sus ropas. Seguramente ya en el bote, Helen Bishop se arrepintiese de no haber cogido a Freu Freu, pero ya era demasiado tarde.

Lady fue uno de los tres perros que salvaron la vida en el Titanic, de lo que ocurrió después con ella, algunas fuentes indican que la perrita fallecería tras una vida larga y feliz junto a su dueña en 1.921 y que sería incinerada y enterrada en un cementerio de mascotas.



William Dulles, de 39 años, regresaba a EE.UU. tras unas vacaciones con su hermana y su madre en Europa. Debido posiblemente a sus compromisos como abogado, William volvía antes a casa y se llevaba consigo a un perro. La raza del animal se desconoce con exactitud, sin embargo se cree que podría ser un fox terrier. Seguramente la mascota viajaría en el lugar destinado para ellos en la cubierta F.

Un ejemplarde fox terrier,la opción más posible de la raza del perro de William Dulles

La noche del 14 de abril, tras el accidente, William probablemente se encontraba en su camarote, el A-18, descansando como la mayoría de los pasajeros. Sabemos que subió a la cubierta de botes, pero su condición de varón haría que finalmente no consiguiese subir a un salvavidas. Murió en el Titanic. Su cuerpo fue recuperado días después y fue enterrado en el cementerio de Laurel Hill, en Philadelphia.

Su perro, como la mayoría, también perdió la vida en el naufragio. Hacia los últimos momentos es posible que fuesen liberados de sus jaulas, probablemente por John Jacob Astor. Quizás pudo correr feliz por la cubierta durante los últimos instantes de su vida.



Robert Williams Daniel, un banquero de Filadelfia de 27 años, volvía a casa con su bulldog francés de competición llamado Gamin de Pycombe. Acababa de comprarlo en Inglaterra por el exorbitante precio de 150 libras, que en la actualidad equivaldrían a unas 12,500 (unos 17,000 euros).

Robert William Daniel y un ejemplar de bulldog francés, la raza de Gamin de Pycombe, su perrito

En internet circula una fotografía que dice ser de Robert con Gamin de Pycombe, sin embargo es posible que se trate de Robert con uno de sus ejemplares de bulldog, una raza que tendría toda su vida.

Posible fotografía de Robert con Gamin de Pycombe

Según la declaración de Edith Rosenbaum (Russell), el perrito se alojaría en el mismo camarote que Robert, posiblemente en la cubierta A. Gamin de Pycombe no se separaba ni un segundo de su dueño.

Mientras Gamin era paseado, Eva Hart, pasajera de segunda clase, lo obervaba con fascinación. Tanto es así que el resto de su vida se dedicó a la crianza de bulldog francés.

La noche del hundimiento, Edith aseguró en su libro haber visto al bulldog en el camarote de Robert y según sus propias palabras,

"El perro estaba muy asustado. Le acaricié y lo acosté en su cama. Era muy obediente, se sentó allí y me miró con dulzura mientras cerraba la puerta. Yo entonces no sabía el peligro que se cernía sobre nosotros, de ser así lo habría llevado conmigo".

Los historiadores no le dan demasiada veracidad a esta historia, aunque pudo suceder así. Edith Russell se caracterizó por inventarse ciertos pasajes en sus declaraciones sobre la tragedia.

Robert Daniel salvó la vida en el Titanic, sin embargo su forma de escapar ha sido muy discutida durante décadas. Él aseguraba haber estado en el agua durante algún tiempo para después ser rescatado por el bote salvavidas número 3. Lo más posible es que directamente embarcase en él y su relato fuese una total mentira.

Gamin de Pycombe, su perrito, moriría a bordo del Titanic. Se le vio en la cubierta en los últimos instantes, lo que sustenta el mito de que fueron liberados. Una escena eliminada de la película "Titanic" de James Cameron ilustra este momento.

El bulldog francés que representa a Gamin de Pycombe

La leyenda afirma que Gamin de Pycombe fue divisado nadando en el agua. El pasajero de primera clase Richard Norris Williams, un tenista de 21 años que salvó la vida en el plegable A, dijo haber visto en el agua la cara de un bulldog francés. Algunos supervivientes creyeron que se trataba del mismísimo diablo.

Al regresar a Filadelfia, Robert reclamó 750 dólares a la compañía del Titanic por la pérdida de su bulldog, pero la White Star Line nunca se lo reembolsó. Poco después compraría otra perra de la misma raza. La pérdida de Gamin supuso para él un duro golpe. 



Henry Sleeper Harper, de 48 años, y su esposa Myra, de 49, volvían a casa tras un agotador viaje por Europa y Asia. El matrimonio había adquirido un precioso pequinés llamado Sun Yat-Sen, al que la pareja, que no tenía hijos, colmaba de mimos. El perrito se alojaba con ellos en el camarote D-33.

Un ejemplar de la raza pequinés, la misma de Sun Yat-Sen

El también pasajero de primera clase, Frank Millet, quizás se refiriese a ellos cuando hizo las siguientes declaraciones en una carta escrita a bordo del Titanic a un amigo.

"Las detestables americanas ostentosas, son el azote de cualquiera de los lugares que infestan y mucho peores a bordo de un barco que en cualquier otro sitio. Muchas van con sus perritos y guían a sus maridos como si fueran ovejas domesticadas..."

Tras la colisión, Henry y Myra se dirigieron al gimnasio con Sun Yat-Sen en sus brazos. Los tres subirían al bote número 3, uno de los primeros en salir del Titanic, hacia las 00,50-00,55 de la noche. Cuando Henry Harper fue preguntado por el salvamento de su perrito, éste contestó,

"Parecía que había mucho espacio y nadie nos puso ninguna objeción al respecto".

Probablemente así fuera. A esas alturas muchos pasajeros se negaban aún a subir a los botes salvavidas.

Henry, Myra y Sun Yat-Sen sobrevivieron al Titanic. En el Carpathia Henry no se separó del perro y el ver que había animales que habían sobrevivido hizo que May Futrelle, que acababa de perder a su marido el escritor Jacques Futrelle, pensase que ese hombre sería la clase de persona que preferiría salvar a su mascota antes que a un hombre.

 Del destino del perrito tras el hundimiento, no se sabe nada.



William Ernest Carter viajaba en el Titanic junto a su esposa Lucile y sus dos hijos, Lucile y William. La familia regresaba de unas estupendas vacaciones en las que habían adquirido un Renault rojo de alrededor de 25 caballos. Además, consigo llevaban al menos dos perritos, posiblemente de raza king charles spaniel y airdale terrier. Los nombres de ambos se desconocen.
Los animales viajarían en la cubierta F, junto con el resto de mascotas de primera clase.

Un ejemplar de airdale terrier y otro de king charles spaniel, las dos razas que llevaban consigo William Carter y su familia

La colisión en principio no tuvo ninguna importancia para los Carter, sin embargo según iba avanzando la noche y se hacía evidente la gravedad, subieron a la cubierta de botes.
Lucile y sus dos hijos embarcaron en el salvavidas número 4, justamente el mismo en el que Madeleine Astor acabría salvando su vida. A William, al igual que a John Jacob Astor, se les impediría el paso.

En los últimos momentos es posible que Astor se encargase de que los perros que aún se encontraban encerrados, fueran liberados y corrieran a sus anchas por la cubierta de botes. Probablemente los dos de la familia Carter también lo hicieran.
Ambos perros fallecieron en el hundimiento. William Carter salvó la vida subiendo al bote plegable C, uno de los últimos en salir del Titanic adecuadamente.

William Carter

Tras desembarcar en Nueva York, William Carter protagonizó una de las reclamaciones más sustanciosas que recibió la compañía White Star Line. Por su coche pidió 5,000 dólares americanos y por cada uno de sus perros, 100 y 200 dólares respectivamente.



Es el turno del Coronel John Jacob Astor, de 47 años y su esposa Madeleine, de 18. Volvían a casa tras varios meses de luna de miel por Egipto y París. La pareja escapaba de los rumores y cotilleos que su matrimonio había supuesto para la alta sociedad americana. Junto a ellos estaba Kitty, su más querida airdale terrier de quien no se separaban. 

Madeleine y John Jacob Astor de paseo con su perra, Kitty

Durante su estancia en Egipto, Kitty se extravió dejando al Coronel completamente devastado. Pasó mucho tiempo buscándola desesperado junto a su esposa y cuando tuvieron que dejar de hacerlo, pagaron a varias decenas de hombres para que continuasen haciéndolo, ofreciendo una pequeña fortuna si es que la encontraban. Tras regresar de un recorrido por el Nilo, nada se sabía de Kitty. Ya se había perdido toda esperanza, cuando de repente la perra apareció loca de alegría, lanzándose a su dueño mientras ladraba sin parar. Lo hacía con su collar, que tenía grabado su nombre, el de Astor y la dirección de su casa de Nueva York. Para el Coronel y Madeleine el reencuentro supuso un gran alivio y alegría.

John Jacob Astor, su esposa Madeleine y su perra Kitty, de paseo

Tras enterarse del embarazo de Madeleine, la pareja embarcó en el Titanic de vuelta a casa. Con ellos viajarían también tres sirvientes y, por supuesto, su adorada Kitty.
Es más que posible que el matrimonio no quisiera separarse de la perrita durante el trayecto después de la experiencia traumática de haberla perdido en París y se les permitiese que estuviera con ellos en el camarote C-62/64. 
Para el Coronel Astor la airdale era su niña y se sabe que durante el trayecto se pasó varios ratos jugando y paseando con ella.

La fatal colisión les sorprendió a ambos descansando. John Jacob Astor salió a indagar qué es lo que había provocado que las máquinas parasen y tras enterarse del motivo, se dirigió con su mujer al gimnasio, dejando posiblemente a Kitty en el camarote.
Al principio el matrimonio no se tomó la situación con gravedad, pero a medida que el tiempo pasaba y las cosas se complicaban se dieron cuenta de que el Titanic se iría a pique. El Coronel entonces buscó desesperadamente un bote en el que ponerse a salvo y divisó el 4 siendo bajado. Ayudó a Madeleine a subir en él, se dice que por una de las ventanas del paseo cerrado de la cubierta A, aunque no se sabe a ciencia cierta. Pidió poder embarcar con ella, pero le fue denegado el paso. La despidió diciendo, "no te preocupes, nos encontraremos en Nueva York", y tras pedir el número de bote, se alejó de allí seguramente en busca de su perra Kitty. Madeleine Astor aseguraría después que vio al airdale correr por la cubierta.

Se cree que hubo un hombre que liberó a los perros de su encierro en la cubierta F y todo apunta a que su identidad es la de John Jacob Astor.
El Coronel falleció en el Titanic junto a su querida perra Kitty. Su cuerpo sería recuperado después, llegando a determinarse que su posible causa de fallecimiento fuese el golpe de una chimenea. Cuatro meses después su esposa Madeleine daría a luz a un hijo varón que sería llamado como su padre.

Kitty forma ya parte de la leyenda del Titanic. Aunque falleció en él, lo hizo junto a su querido dueño. Se marcharon juntos, como en uno de sus habituales paseos.

El Coronel Astor y su querida Kitty



El último perro del que se tiene constancia se trata de un dogo alemán (también conocido como gran danés) propiedad de Ann Isham, una pasajera de 50 años que regresaba a América tras pasar varios años viviendo con su hermana en París.
No estaba casada y tampoco tenía hijos, por lo que para ella su querido perro era prácticamente toda su vida.

Ann Isham y un ejemplar de dogo alemán, la misma raza de su querida mascota

Seguramente debido al gran tamaño del dogo alemán, Ann tuvo que dejarlo en la habitación donde se encontraban todos los perros, en la cubierta F. Es posible que durante el viaje la mujer pasara varios ratos en compañía de su mascota.

Cuando el Titanic chocó con el iceberg, Ann estaba como casi todos en su camarote, el C-49. Se cree que, tras saber que no iba a poder embarcar en un bote salvavidas con su perro, se negó a abandonar el buque. Murió en la tragedia. Fue una de las 4 mujeres de primera clase en hacerlo, junto a Bess Allison, Ida Straus y Edith Evans.

Poco después del naufragio, el 20 de abril de 1.912, un buque alemán llamado SS Bremen pasó por la zona de la catástrofe. Sus pasajeros y tripulación aseguraron haber visto cientos de cadáveres flotando entre los escombros. Johanna Stunke, una pasajera, afirmó haber divisado a una mujer abrazada a un perro muy grande. Se cree que este cuerpo le pertenecía a Ann Isham.
Esta historia no puede certificarse, ya que el cadáver no fue recuperado y después no pudo ser localizado por ninguno de los barcos que se encargó de recuperar a las víctimas. Aún así, es muy posible que la leyenda de Ann sea cierta. Para ella su perro era su otra mitad.



No podemos cerrar esta entrada sin nombrar al famoso Rigel, un perro de raza terranova que ha sido para muchos uno más de los héroes que tuvo el Titanic. Sin embargo, Rigel nunca existió, tan sólo es uno de los muchos bulos que circulan sobre este coloso, como la momia que algunos confirman que iba en el buque o la teoría que asegura que el Titanic era en realidad su buque gemelo, el Olympic.
La leyenda surge el 21 de abril de 1.912, cuando el periódico New York Herald publicaba que un marinero del Carpahia llamado Jonas Briggs, había adoptado a un perro que era el causante de la supervivencia de los pasajeros del bote 4. El perro parecía pertenecer al primer oficial del Titanic William Murdoch, sin embargo no existe constancia ninguna de que él viajase junto a su mascota. Cuando el salvavidas 4 se acercaba peligrosamente a las hélices, el valiente perro comenzó a ladrar avisando del peligro. 
Por lo visto el supuesto marinero del Carpathia, Jonas Briggs, nunca lo fue, además de que es imposible que un perro pudiese soportar las heladas temperaturas a las que se hubiese visto sometido Rigel sin perecer.
Aún así la leyenda de este perro sigue hoy en día viva y podemos encontrárnosla en varias publicaciones sobre el tema

Rigel, el supuesto perro héroe del Titanic


A pesar de las informaciones que aseguran que había 12 perros reconocidos en el Titanic, aquí podemos desmentirlo. Oficialmente, eran 11 los canes que acompañaban a sus ricos dueños en su viaje hacia América. Sólo 3 de ellos sobrevivirían a la tragedia. Posiblemente hubiese más perros en el buque, sin embargo nunca podremos saberlo. Sus dueños y ellos se habrían hundido en el Atlántico.

Sin embargo, no sólo había perros a bordo del coloso. La leyenda habla de Jenny, una gata a la que todos los tripulantes considerarían una más y que venía procedente del hermano gemelo del Titanic, el Olympic. Vivía en las cocinas y se alimentaba de las sobras que los cocineros le brindaban. Ella era la encargada de eliminar cualquier pequeño roedor que pudiera interferir durante el viaje. 
La felina había parido poco antes de la salida a Southampton y algunas informaciones sugieren que la vieron salir del buque poco antes de partir, por lo que se habría salvado. Un fogonero que había llevado el Titanic desde Belfast hasta Southampton, aseguró que en ese último puerto vio salir a un gato y sus gatitos, quizás se tratase de ella.
El testimonio de la camarera Violet Jessop asegura que Jenny "puso a su familia cerca del pinche de cocina a quien buscaba a menudo, recibiendo un cálido cariño por su parte". Estas declaraciones nos dan a entender que la gata seguía en el Titanic cuando éste se hundió. De ser así Jenny y sus cachorros habrían muerto en el naufragio.

Elizabeth Nye, pasajera de segunda clase, llevaba consigo un canario amarillo que tuvo que subir previo pago. Ella salvó la vida en el bote 11.

Un canario amarillo, igual que el que llevaba consigo la pasajera Elizabeth Nye

En el Titanic también había varios gallos y gallinas, pertenecientes a la pasajera de primera clase Ella White. Había comprado las aves en Francia y se las llevaba de regreso a América, donde pretendía criarlas en su casa. Probablemente los animales se ubicaran también el la cubierta F, cerca de donde estaría el chenil de los perros.
La compañera de camarote y amiga de Ella, Marie Grice Young, se encargó de bajar cada día a comprobar que las aves estaban en perfecto estado. Varias veces hablaría con el carpintero John Hutchinson, el encargado de los animales, e incluso se harían buenos amigos. Marie Young afirmó que tras darle una pequeña propina él la dijo, "da muy buena suerte recibir oro en un viaje inaugural".

Marie Grice Young y Ella White

Edwina Troutt, pasajera de segunda clase, aseguró que desde su camarote, el E 101, podía oír los cacareos de los pollos. El sonido quizás le venía de los conductos de ventilación.

Por último, los únicos animales conocidos que nos quedarían por nombrar son las ratas que todo buque tendría. Durante la cena celebrada el domingo 14 de abril, varios pasajeros de tercera clase vieron correr a una rata, provocando que varias mujeres gritaran nerviosas e incluso hubiera algún llanto. Algunos intentaron cogerla en vano, pero el pequeño roedor fue más rápido y consiguió escaparse.

John Hatch Hutchinson, el encargado de cuidar a los animales, moriría en el Titanic junto a la mayoría de los perros por los que tanto veló. Su cuerpo no fue recuperado, pero una lápida del cementerio de St Mary Extra en Sholing, Southampton, le recuerda.

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Todos los animales del Titanic, desde los perros de los sofisticados pasajeros de primera clase, hasta la última de las ratas que iban a bordo, eran también seres vivos que merecen ser recordados. Muchos de ellos fueron la luz de las vidas de sus dueños y sólo por eso, esta entrada es para ellos. Sólo los que hemos amado a un animal podemos entender lo que significa su compañía, lo que significa su abrazo y su cariño. Es completamente comprensible que algunos pasajeros se negasen a dejar a sus mascotas, pues para ellos, eran su familia.
Sirva como homenaje para todos los animales que murieron en el Titanic.


Para Boro, mi luz.


[Irene Hernández Rodríguez]

11 comentarios:

  1. ¡Excelente blog! Muy serio y muy informativo, lo estoy leyendo con mucho interés. Te dejo mi página de Facebook, si te interesa. Felicitaciones nuevamente.

    https://www.facebook.com/historiasdelTitanic

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    1. Ahora mismo me la apunto! Gracias por tu comentario, esperamos te siga gustando!

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    2. Qué digno y justo memorial para los tripulantes animales del Titanic, que tristeza imaginar su miedo al no poder ponerse a salvo, al tener que quedarse ahí sin tener a donde ir, me conmueve mucho, si nosotros acá que hemos tenido sismos, pensamos en como poner a salvo nuestros cuatro gatos, tortuga y tarantulas al enfrentar un peligro, me quedo pensando en los dueños de estos perros, en la gatita y sus bebés, en las aves, incluso las ratas.

      Me encanta su blog, saludos desde México.

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    3. Muchas gracias por tu comentario Brenda. Sin duda los animales suelen ser los grandes olvidados y sus historias también son importantes. Me alegro que te haya gustado.

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  2. Muy buen aporte,solamente que el vídeo ya no existe

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    1. Gracias por comentar AmericaSD. Con respecto al vídeo, lo acabo de comprobar y efectivamente ya no se encuentra disponible. En cuanto encuentre esa misma escena de nuevo, volveré a incluirla.

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  3. Leí con interés, no exento de emoción, la historia de las mascotas que iban en el Titanic. Todos los que tenemos animales entendemos esta publicación, así es que ...¡ Felicidades !

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  4. No mentiré, lloré al leer estas historias, me encantan los animales y más los perritos, por lo tanto el leer esto me hizo un nudo en la garganta. Gracias por la información.

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  5. Precioso el post e incluso he llegado a emocionarme en algunos momentos porque me estaba imaginando esa situación en ese momento, enhorabuena por el blog

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