¡Bienvenidos a bordo!

Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Entrevista a George Behe

George Behe
Hoy traemos la entrevista de, nada más y nada menos, George Behe. Autor de numerosos libros como "Titanic: Psychic Forewarnings of a Tragedy", "On Board RMS Titanic" o "Voices from the Carpathia: Rescuing RMS Titanic" entre muchos otros. También escribe artículos para la revista de la Titanic Historical Society y para diferentes webs, incluida la suya, la cual recomendamos absolutamente. Lleva muchos años investigando la parte humana del desastre y ha tenido la suerte de conocer a muchos supervivientes de la tragedia, sobre lo que nos cuenta cosas realmente interesantes.

 Para nosotras es un honor poder traeros esta entrevista de uno de los más grandes historiadores del Titanic y, personalmente, uno de mis referentes en cuanto a historiadores se refiere. Además, como he comentado antes,  siente predilección por la parte humana del Buque de los Sueños, como también nosotras lo hacemos.



Desde aquí lanzamos nuestro agradecimiento a George Behe por su colaboración, su amabilidad en todo momento y por las grandes respuestas que nos deja. No os hago esperar más, espero que la disfrutéis tanto como yo haciéndola.

1- Es uno de los historiadores del Titanic con más renombre ¿cómo y cuándo empezó su pasión por el Titanic? ¿Cuándo empezó a investigar? ¿Cuáles son sus métodos de investigación?

Cuando era pequeño encontré una vieja copia de 1.912 del libro "Titanic" de Logan Marshall en la estantería de mi abuela, y solía ojearlo viendo las ilustraciones y el texto en un intento de aprender qué pasó con el barco. Me horrorizó una ilustración en particular: la que mostraba un bote salvavidas lleno de pasajeros que remaban pasando cerca de un nadador moribundo que levantaba su brazo en una desesperada llamada de auxilio. Mi abuela me había contado que no hubo suficientes botes salvavidas en el barco para salvar a todos los hombres, y yo me preguntaba cómo me hubiera sentido si mi madre, mi hermano y yo estuviéramos en ese bote y el hombre moribundo fuera mi padre. El Titanic realmente se hizo con mi imaginación y, como no tenía otras fuentes de información sobre el barco, leí y releí el libro de mi abuela en un intento de satisfacer mi curiosidad sobre el asunto. Mientras leía el libro pronto me di cuenta de que la información que daba en un capítulo, a veces, se contradecía en otra parte del libro y sentí un gran deseo de aprender qué versión de la historia del Titanic era la correcta. Mi deseo de aprender la verdad se quedó conmigo durante años, hasta que finalmente fui lo suficientemente mayor para hacer mis propias investigaciones entrevistando a supervivientes, obteniendo libros sobre el hundimiento, buscando entrevistas de supervivientes que fueron publicadas en viejos periódicos de 1.912 y descubriendo otras fuentes que contenían nueva información sobre el hundimiento. El deseo de descubrir la verdadera historia del Titanic nunca me ha dejado.

2- ¿Podría decirnos cuáles son sus fuentes de información favoritas? ¿Y qué libros considera que son los mejores para investigar?

Ya que todos los supervivientes del Titanic han fallecido ya, mi método de investigación favorito es mirar microfilms de periódicos de 1.912 en busca de "nuevas" entrevistas de supervivientes que los investigadores modernos nunca antes hayan visto. Como mis libros favoritos sobre la historia del Titanic diría que mi top 3 es:
1-  "On a Sea of Glass", de Tad Fitch, Kent Layton y Bill Wormstedt.
2- "Report into the Loss of the SS Titanic: a Centennial Reappraisal", de Sam Halpern y otros diez coautores (incluído yo mismo).
3- "Titanic: an Illustrated History", de Don Lynch.

3- Desde hace tiempo están llevándose a cabo subastas de objetos recuperados del pecio del Titanic. ¿Qué piensa sobre la recuperación de objetos y sobre la subasta de éstos?

Es ilegal para la RMS Titanic Incorporated (la compañía que rescata objetos del pecio del Titanic) vender estos artículos. (Las leyes dicen que todo lo que sea rescatado del pecio debe quedarse junto en una sola colección). La mayoría de objetos del Titanic que son subastados son artículos que los supervivientes se llevaron en 1.912 o recogidos por los barcos que fueron a recoger los cadáveres de las víctimas. Mi opinión sobre la recuperación de objetos a día de hoy es que no estoy a favor. Una de las razones por las que pienso así es porque relativamente pocos objetos de los más de 5.000 recuperados han sido mostrados al público; en lugar de eso, la compañía de recuperación se queda la mayor parte de ellos escondidos en un almacén y se niega a que historiadores externos los estudien. (Ciertamente, la compañía le pide a sus empleados que firmen un contrato de confidencialidad que previenen que dicho empleados revelen nuevos descubrimientos que provengan de los objetos recuperados). Desde que los rescatadores son tan reservados sobre sus objetos recuperados, esos objetos son prácticamente inútiles para los historiadores (de hecho es como si no existieran siquiera). Si nadie "externo" puede estudiar los objetos recuperados ¿cuál es el propósito de recuperarlos?

 4- Ha escrito y colaborado en numerosos libros... ¿Cuál ha sido el más especial para usted?

Cada uno de mis libros es especial, cada uno a su forma, pero hay dos que están especialmente ligados a mí. El primero es "Titanic: Safety, Speed and Sacrifice", el cual fue el primer libro en tratar el hecho de que el Titanic intentaba batir el tiempo de travesía de su barco hermano, el Olympic, y llegar a Nueva York el martes por la noche en lugar del miércoles por la mañana. El libro trata también sobre los relatos que cuentan que los vigías habían visto varios icebergs pasando cerca del barco durante la media hora anterior a la colisión, pero el puente de mando no bajó la velocidad a pesar de que los vigías estaban informando de presencia de hielo (muchos lectores no se creen que los vigías vieran "icebergs cercanos", pero creo que la evidencia que descubrí es muy sugerente).

Mi segundo libro favorito es mi trilogía de 2.400 páginas sobre la biografía de Archibald Butt, una víctima del Titanic que era el principal asistente militar del Presidente Taft. Me llevó ocho años investigar y escribir esta biografía.

5- Su libro "On Board RMS Titanic" es una colección de cartas de pasajeros y tripulantes del Titanic. ¿Cómo fue el proceso de recolectar dichas cartas?

A pesar de que no tengo ninguna carta original, descubrí los textos de muchos de los pasajeros y tripulantes en periódicos de 1.912, mientras que otras cartas aparecían en subastas a lo largo de los años o me las dejaban algunos coleccionistas o familiares de los pasajeros que las escribieron. Mi libro contiene un 25% de las cartas cuyos textos están en mis archivo, pero también tengo los textos de cientos de otras cartas de pasajeros que no tuve el permiso para publicarlas.

6- ¿Tiene algún nuevo proyecto en mente? ¿Lo veremos pronto?

Justo ahora estoy trabajando en lo que, probablemente, sean dos libros en los que se discutan muchos temas diferentes con respecto al Titanic (por ejemplo: las piezas musicales que tocó la banda, los testimonios sobre que un oficial disparó a varios pasajeros antes de quitarse la vida, testimonios de que el acondicionamiento del Titanic seguía incompleto cuando zarpó en su viaje inaugural,...). Espero que los investigadores serios del Titanic encuentren estos dos libros útiles y que los artículos que contiene den un poco de luz nueva sobre el desastre.

7- Ha tenido la suerte de conocer a varios supervivientes del Titanic y sus familias, pero ¿con quién ha tenido más contacto? ¿Tiene alguna anécdota que le gustaría compartir?

La superviviente con quien he tenido contacto más frecuentes es Winifred Van Tongerloo (Winifred Quick en las listas de pasajeros). Vivía a unas diez millas de mi casa y solía visitarla bastante a menudo. Aún puedo recordar la primera vez que visité a Winifred, porque, considerando que la historia del Titanic era algo sobre lo que sólo había podido leer en libros y viejos periódicos, de repente me di cuenta de que Winifred lo había vivido y había visto el barco hundirse con sus propios ojos. Se me eriza el pelo en la nuca y siento un escalofrío cuando me paro a pensarlo.

[Las palabras puestas en negrita en esta respuesta las pone George Behe al contestar a la pregunta.]

8- El Titanic llevaba abordo miles de historias, muchas se hundieron con él. ¿Cuál de estas historias te ha conmovido especialmente o te ha inspirado?

La historia que más me ha emocionado es la de Major Archibald Butt, que era el principal asistente militar del Presidente Taft. Mi fascinación por la vida de Major Butt apareció de forma totalmente inesperada. Hace mucho años, mi amigo Don Lynch (autor de muchos grandes libros y artículos del Titanic) me dio una copia de "Taft and Roosevelt: the intimate letters of Archie Butt", el cual es una recopilación póstuma de cartas escritas por Archie Butt a su cuñada durante la presidencia de Taft. Leer esas cartas personales tuvo un inesperado efecto en mi, porque pronto empecé a pensar en Archie como un conocido personal que estaba compartiendo sus pensamientos más intimos conmigo. Cuando terminé de leer esos dos tomos de  cartas, me di cuenta que Archie no escribiría más cartas debido a su muerte en el Titanic, me sentí como si perdiera a un amigo cercano en el desastre. Mi interés en Archie creció y, gradualmente, empecé a acumular información adicional sobre él y esperaba convertirlo en un artículo para la revista cuatrimestral de la Titanic Historical Society "The Commutator". No era largo antes de que mi investigación superase el alcance de mi idea primaria de un "artículo corto", porque descubrí que Archie escribió muchas, muchas cartas adicionales que nunca habían sido publicadas en forma de libro, pero que seguían en el archivo de Georgia. De cualquier modo, después de ocho años de constante investigación y aparentemente infinita escritura, finalmente publiqué mis tres tomos de 800 páginas detallando cada aspecto de la vida de Archie desde su nacimiento hasta su muerte en el Titanic, y el profundo efecto que su pérdida tuvo en sus muchos amigos y familiares. Sigo descubriendo nueva información sobre él cada día y posiblemente siga haciéndolo hasta que no sea físicamente capaz de continuar mi investigación. De todas formas, aprendí que Archie Butt fue un hombre tan honorable como valiente y que es un excelente ejemplo a seguir para todo aquel que necesite uno.

9- La historia del Buque de los Sueños ya es eterna y está formada por historias humanas. En nuestro blog "La Verdadera Historia del Titanic" tenemos como objetivo principal enfatizar este hecho frente al lujo y grandiosidad que, por supuesto, también tenía. Sin duda es una historia que nos invita a sentir, para mejor o para peor. ¿Cuál ha sido el momento más emotivo que ha vivido respecto al Titanic? ¿Qué le ha enseñado a modo personal?

Hay muchas, muchas historias conmovedoras sobre las personas que viajaron en el Titanic, pero la que nunca deja de afectar mis emociones es la de Winnie Coutts y sus dos pequeños hijos. Después de que el Titanic chocara con el iceberg, Mrs. Coutts estaba guiando a sus hijos hacia las cubiertas superiores cuando se encontró con un tripulantes y le dijo que no tenía salvavidas. El tripulante se giró, llevó a Mrs. Coutts hasta su propio camarote y le dio su propio chaleco salvavidas del sitio donde estaba guardado. El tripulante, amablemente tocó las cabezas de los pequeños de Mrs. Coutts y dijo "Coja mi salvavidas señora. Si me hundo [con el barco], por favor rece por mí." (Tengo lágrimas en mis ojos justo ahora mientras estoy escribiendo estas palabras). Nadie sabe qué pasó con el tripulante cuando el barco se hundió, pero, dado que dos de cada tres personas en el Titanic perdieron sus vidas en el hundimiento, creo que podemos suponer qué le pasó. Estoy seguro que Mrs. Coutts rezó por el alma de aquel heroico tripulante el resto de su vida.

10- Un comentario final...

Creo que parte de la fascinación por el desastre del Titanic se debe a todos los superlativos relacionados con el hundimiento, como es el hecho de que el Titanic era el barco más grande del mundo y llevaba a las personas más ricas del momento. Independientemente, creo que otra parte igualitaria de la fascinación viene provocada por el largo periodo que llevó al barco a hundirse (2 horas y 40 minutos). La lentitud del hundimiento permitió muchos dramas individuales que tuvieron lugar entre los pasajeros y la tripulación, que se vieron abordo del dañado barco. Es como si esas personas fueran actores en un obra y el hundimiento gradual del barco fuera el escenario en el cual sus historias se desarrollaban hasta su horrible conclusión.

He recibido varios beneficios importantes de mi investigación sobre el desastre del Titanic. El primero, y sin duda el más importante desde el punto de vista de la posteridad, es que mi investigación me ha permitido descubrir algunas cosas nuevas y plasmarlas en libros y artículos para beneficio de futuros historiadores. Conseguir esa meta me ha dado una gran satisfacción, pero mi investigación ha tenido efectos personales también. Aprendiendo sobre el Titanic y sus pasajeros he desarrollado una "conexión" personal con el barco y su gente que me resulta difícil de describir. Como mencioné una vez en un documental, los pasajeros y tripulantes del Titanic no eran sólo una larga lista de nombres anónimo, eran seres humanos individuales que tenían sus propias esperanzas y sueños, y tenían seres queridos que se preocupaban por ellos. Siento una definida conexión con los pasajeros y tripulantes, y el privilegio de haber conocido una docena de supervivientes en persona (y habernos convertido en amigos en varios casos) ha tenido un profundo efecto en mi vida que nunca podré describir con palabras.


[María Neira Domínguez]

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Entrevista a Bill Wormstedt

Hoy os traemos la entrevista a Bill Wormstedt, historiador del Titanic y co-autor del libro "On A Sea of Glass" y colaborador en "Report into the Loss of the SS Titanic: A Centennial Reppraisal". Cuenta con una web (http://wormstedt.com/titanic/) en la que publica artículos tanto suyos como de otros grandes expertos de la talla de Bruce Beveridge, George Behe y Tad Fitch (a quien entrevistamos aquí). Además también ayuda en la creación del videojuego "Honor and Glory", que desde aquí animamos a todos nuestros lectores a que se pasen a ver la DEMO y a colaborar con su granito de arena mediante donaciones (http://www.titanichg.com/). Esperamos que la disfrutéis.





1- ¿Cómo y cuándo empezó tu pasión por el Titanic?

Allá por los 50 vi dos películas interesantes en la televisión: el film en blanco y negro “Titanic” con Clifton Webb, y “La última noche del Titanic” con Kenneth More. Me gustaron las dos y me fascinó el concepto. En 1963 encontré una copia de “La última noche del Titanic” en la biblioteca de mi colegio, la leí y realmente la disfruté. El resto de los 60 y de los 70 no pude encontrar más material sobre el Titanic. Entonces Ballard encontró el barco en 1985, leí todo al respecto y en 1988 me uní a la Titanic Historical Society. Acudía a mi primera convención de la THS en 1995 y conocí nuevos titánicos por internet.

2-  ¿Cuándo empezaste a investigar?

Una de las primeras personas que conocí online fue el historiador del Titanic George Behe. Empezamos a compartir detalles técnicos del hundimiento. En 1998 me presenté voluntario para ayudar a transcribir las dos investigaciones para la web http://www.titanicinquiry.org/ . Una vez que teníamos lista la web, edité 2.600 páginas de testimonios, las cuales me dieron una gran referencia de lo que los supervivientes vieron esa noche. Más tarde, George, Tad Fitch y yo empezamos a investigar el orden de bajada de los botes, que han estaban erróneamente listado en la investigación británica de 1.912.

3- ¿Cuáles son tus métodos de investigación? ¿Y tus fuentes de información favoritas?

Mis fuentes favoritas son los testimonios de la investigación, seguido por las fuentes de primera mano con testimonios originales de los supervivientes. Intento tener en mi ordenador lo máximo posible de esto, hace que la búsqueda de información sea más fácil. Mi metodología es intentar unir testimonios en una línea de tiempo razonable (lo cual no siempre es posible).

4- ¿Consideras el Titanic un hobby o un trabajo?

Sin duda un hobby. Hago sólo una pequeña parte de la investigación sobre el Titanic, ¡definitivamente no es suficiente para mantenerme!

5- ¿Has tenido contacto con supervivientes de la tragedia?

A parte de los pocos minutos que estuve con la superviviente Millvina Dean, no.

6- ¿Hay alguna historia en concreto que te haya inspirado o conmovido especialmente? ¿Por qué?

Mi interés ha sido siempre qué pasó exactamente en el barco la noche del 14 al 15 de abril de 1912. Mi primer gran proyecto de investigación fue el orden de bajada de los botes, intentando corregir los errores en la lista de la investigación británica. Esto me llevó a trabajar en otros proyectos que tienen que ver con la cronología del hundimiento.

7-  ¿Cuál ha sido el momento más emotivo que has vivido respecto al Titanic?

En 1.997, cuando vi por primera vez la película de Cameron y vi varias escenas del hundimiento en la película que nunca había visualizado antes, pero que debieron pasar. Cuando el barco se hundió la cámara retocedía para enseñar más y más de los cientos de personas en el agua y yo pensaba “¡Esto es exactamente lo que pasó aquella noche!”. Además vi a la gente siendo succionada hacia dentro del barco, nunca lo había considerado pero debió ocurrir.

8-  ¿Qué te ha enseñado el Titanic a modo personal?

Que la gente se comporta de formas muy diferentes en situaciones de estrés.

9- “On a Sea of Glass” es considerado por muchos uno de los mejores libros sobre el Titanic. ¿Cómo empezó este proyecto?

Tad Fitch y yo fuimos invitados a colaborar en “Report into the Loss of the SS Titanic: A Centennial Reppraisal” debido a nuestro anterior trabajo con los botes. El autor J. Kent Layton ha estado trabajando con Tad Fitch y conmigo en otros proyectos y nos preguntó si estaríamos interesados en colaborar en un libro para el centenario del hundimiento. Por supuesto dijimos que sí. Juntamos nuestros conocimientos y empezamos un libro que ninguno de nosotros podríamos haber escrito por separado. Estamos muy orgullosos del resultado final.

10- ¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?

Nada por el momento.

11- Un comentario final…

Por encima de todo el Titanic nos ha enseñado la locura de creer que todo puede ser insumergible (perfecto) y los hechos imprevistos tienen tendencia a ocurrir. Puedes hacer algo tan libre de errores como pueda pero no puedes predecir lo que está por venir.



[María Neira Domínguez]

sábado, 10 de septiembre de 2016

El Grupo de Garantía del Titanic

En los libros y páginas web solemos leer artículos sobre los pasajeros más conocidos como el matrimonio Strauss, Molly Brown, John Jacob Astor,… Pero la mayoría de estos sitios apenas prestan atención a la tripulación, pues bien, hoy le vamos a dedicar esta entrada al grupo de garantía del Titanic, conoceremos a sus nueve miembros y en qué consistía su trabajo. Esperamos que os guste.
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El Grupo de Garantía estaba compuesto por nueve hombres seleccionados para participar en el viaje inaugural del Titanic para supervisar el buen funcionamiento del barco y resolver los problemas que pudieran surgir en él. Los miembros de este grupo eran considerados los mejores en su campo. Hay que añadir que este grupo no era fijo y que podía cambiar en cada viaje inaugural.

La posibilidad de formar parte del Grupo de Garantía del Titanic era una motivación extra para los trabajadores de Harland & Wolff para trabajar duro y mostrar sus habilidades para causar buena impresión a sus jefes. Ser seleccionado para el Grupo de Garantía, representaba la confianza de Harland & Wolff en el trabajador elegido y era la recompensa por el trabajo bien hecho. Sólo los mejores podían formar parte de este grupo.

Aunque se les dio camarotes de pasaje eran considerados miembros de la tripulación. Liderados por el diseñador y contructor del Titanic Thomas Andrews, la función de estos nueve hombres era supervisar cualquier trabajo incloncluso o detectar y solucionar cualquier problema que pudiera surgir durante el viaje inaugural.

Los hombres que componían este grupo eran Thomas Andrews (constructor), William Henry Campbell (aprendiz de carpintero), Roderick Robert Crispin Chisholm (dibujante jefe), Alfred Fleming Cunningham (aprendiz de mecánico), Anthony Wood Frost (mecánico capataz), Robert Knight (mecánico), Francis Parkes (fontanero), Henry William Marsh Parr (asistente del gerente electricista) y Ennis Hastings Watson (aprendiz de electricista). También fueron seleccionados para este grupo Joey Thompson (pintor y decorador) pero sólo realizó el trayecto de Belfast a Southampton; Liam Flaherty (carpintero) que no llegó a embarcar debido a que su padre, también trabajador de Harland & Wolff, había sido agredido por algunos trabajadores protestantes y le pidió que no volviera al trabajo. Abordo había otro trabajador de los astilleros, Thomas Millar, que ayudó a construir los motores tanto del Olympic como del Titanic, pero no formaba parte del Grupo de Garantía, sino que había embarcado como ingeniero de cubierta. Aunque algunos de ellos tenían camarotes de primera clase y otros de segunda, tenían acceso a todo el barco.
Una vez que conocemos la función del Grupo de Garantía vamos a conocer a cada uno de sus miembros. Allá vamos.

Thomas Andrews (Diseñador y constructor, 39 años).

Thomas Andrews
Nació en Ardara House, Comber, Irlanda del Norte, el 7 de febrero de 1.873. Era hijo de Thomas Andrews y Eliza Pirrie, tenía un hermano llamado John Miller Andrews.

En 1.884 entró en la Royal Belfast Academical Institution, pero a los 16 años de edad dejó la escuela y entró en Harland & Wolff (empresa de la cual su tío William Pirrie era, uno de los propietarios) como aprendiz, avanzando poco a poco entre los distintos departamentos. Su aprendizaje empezó con tres meses como carpintero, luego pasó a trabajar durante un mes en la ebanistería y después a trabajar en los barcos durante dos meses. Los últimos dieciocho meses de su aprendizaje de cinco años los pasó en la oficina de dibujo. Ya en 1.901, después de haber trabajado en infinidad de departamentos, se convirtió en el director de las obras de construcción. Aquel mismo año se convirtió en miembro de la Institución de Ingenieros Navales, una organización británica de constructores de buques.

En 1.907 fue nombrado director general y jefe del departamento de diseño de Harland & Wolff. Durante sus largos años de aprendizaje, estudios y trabajo, Thomas se había hecho muy querido en la empresa.

Thomas Andrews y Helen Reilly en su boda.
El 24 de junio de 1.908 se casó con Helen Reilly Barbour y dos años más tarde tuvieron a su hija Elizabeth Law Barbour Andrews, a la que él apodaba “Elba” por sus iniciales. La familia vivía en el 20 de Windsow Avenue, Belfast. Es sabido que Thomas llevó una noche a Helen a conocer el Titanic poco antes del nacimiento de Elizabeth.

En 1.909 comenzó la construcción del Titanic y Andrews, junto con su tío William Pirrie y Alexander Carlisle, participó en su diseño.

Thomas creó un grupo de garantía en los viajes inaugurales del Adriatic, el Oceanic y el Olympic, con el fin de observar su funcionamiento y recomendar mejoras para futuros buques. Esta es la razñon por la que Andrews viajaría en el Titanic en su viaje inaugural. En su última carta a su esposa expresó su satisfacción con el Titanic. Embarcó en un camarote de primera clase, el A-36, con el número de pasaje 112050.

Thomas y Helen con su hija "Elba".
Ya en el Titanic, pasó la mayor parte del viaje tomando notas y ayudando a la tripulación a conocer la nave.

En la tarde del 14 de abril, como de costumbre, camarero de habitaciones Henry Samuel Etches llegó a las 6:45 para ayudar a Thomas a vestirse para la cena, en la que pasó gran parte del tiempo con el doctor O’Loughlin, el médico del barco. Tras la cena Andrews regresó a su camarote para estudiar minuciosamente los planos y cotejar sus notas. Estaba tan absorto en su trabajo que apenas notó la colisión y no supo de lo sucedido hasta que el capitán Smith envió un mensaje solicitando su presencia inmediata en el puente de mandos.
Más tarde, el camarero James Johnson describió que vio a Thomas y al capitán recorriendo la parte delantera de la nave, visitaron la inundada sala de correos y la pista de squash, que se inundaba rápidamente. De vuelta al puente, Andrews le dio la noticia al capitán de que, en vista de los daños que el barco había sufrido, no esperaba que pudiera mantenerse a flote más de dos horas.

Durante las últimas horas del Titanic, se vio a Andrews avisando a los pasajeros para que se pusieran los chalecos salvavidas y subieran a la cubierta de botes. Fue visto por última vez en el puente de mando junto al capitán. Su cuerpo no fue recuperado.

El 19 de abril de 1.912 su padre recibió un telegrama del primo Eliza Pirrie diciéndole lo siguiente:

“Entrevisté a los oficiales del RMS Titanic. Unánimemente dijeron que el comportamiento de Andrews fue heroico hasta su muerte, pensando solamente en la seguridad de los otros. Las más sentidas condolencias a toda su familia.”

William Henry Campbell (Aprendiz de carpintero, 21 años).

William Henry Campbell
Nació en Belfast el 5 de noviembre de 1.890, hijo del marinero William Campbell y Sarah Hawthorne, era el más pequeño de sus hermanos (Elizabeth, Sarah, Mary, Robert John y Jane). Su padre era nativo de Belfast y su madre provenía de la isla Magee, cerca de Larne, en el Condado de Antrim. La pareja se casó en Belfast en 1.870 y llegaron a tener ocho hijos, aunque perdieron a dos de ellos en la infancia.

El censo de 1.901 registra a William y a su familia viviendo en el 47 de Spamount, en el Dock Ward de Belfast. Pero en el censo de 1.911 la familia se había trasladado al 45 de Earl Street en Clifton, al norte de Belfast. En él, William aparece como carpintero. Posterior mente la familia se trasladó al 28 de Earl Street.

47 de Spamount, en la actualidad.
William embarcó en el Titanic como miembro del grupo de garantía, y fue alojado en un camarote de segunda clase posiblemente junto a sus compañeros de parecida edad Alfred Cunningham y Francis Parkes (con los que compartía el pasaje nº 239853), sin duda sería un camarote lleno de ilusión. Podemos imaginar la emoción de William, que con casi toda seguridad no habría salido de Irlanda, al ser seleccionado para este privilegiado grupo con tan sólo 21 años, para viajar a Nueva York en el viaje inaugural del buque más grande y lujoso hasta el momento, con un pasaje nada más y nada menos que de segunda clase, equivalente a la primera clase de muchos otros barcos. Todo un sueño.

Por desgracia, ese privilegio se convertiría en pesadilla unos pocos días después. William pereció en el naufragio del Titanic y su cuerpo, si fue recuperado, nunca fue identificado.
Por su muerte, la White Star Line indemnizó a la familia con 10 £, entregados a su padre el 28 de marzo de 1.913.

Roderick Robert Crispin Chisholm (Dibujante jefe, 43 años).

Roderick Robert Crispin Chisholm
Nació en Dumbarton, Dunbarthonshire, Escocia, el 20 de diciembre de 1.868. Era hijo del carpintero escocés James Chisholm y Sophia Voaden. Ella era nativa de Devonshire, Inglaterra y él de Urray, Rosshie. La pareja se había casado en Devon en 1.860. Además de Roderick tuvieron otros tres hijos: Duncan (1.863), John (1.877) y Jessie (1.879).

En el censo de 1.881 la familia registra su domicilio en Old Kilpatrick, en Dunbartonshire. Ya en el censo de 1.891 su domicilio es en el 17 de Clydebank Terrace, en Clydebank, Dunbartonshire. Roderick es descrito como dibujante de barcos.

Comenzó su aprendizaje como dibujante en la década de 1.880 (con 20 años) y trabajaba en Clyde Works, una sucursal de Harland & Wolff en Glasgow. En poco tiempo se trasladó al astillero principal de Belfast, llegando a convertirse en el dibujante jefe del Titanic y su hermano gemelo, el Olympic. De hecho se le atribuyen el diseño de los botes salvavidas de dichos buques. Cabe suponer que para él dar el salto a formar parte de la empresa original sería un gran paso.

Roderick Robert Crispin Chisholm
Se casó con Susan Anderson en 1.897 en Lisburn, en el Condado de Down. La pareja tuvo dos hijos: Alicer (1.897 – 2.002) y James (1.899 – 1.960), ambos nacidos en Belfast. En el momento del censo de 1.901 la familia vive en el 12 de Sandford Avenue, Pottinger, en el este de Belfast; y ya en el censo de 1.911 aparecen registrados en el número 6 de la misma dirección. En ambas ocasiones Roderick es descrito como dibujante de barcos.

Era la mano derecha de Thomas Andrews, nadie conocía el barco mejor que ellos, así que no es de extrañar que embarcara en el Titanic como miembro del grupo de garantía, con pasaje de primera clase (nº 112051), algo que de otro modo no podría ni haber soñado al venir de familia tan humilde. No es difícil suponer que estaría pletórico por poder realizar este viaje. Pero una vez más la emoción desparece en unos días, Roderick no consiguió sobrevivir al naufragio del Titanic. Por ello, su esposa fue indemnizada con 140£, 5s, 6d el 10 de junio de 1.912.

El cuerpo de Roderick, si fue recuperado, nunca fue identificado.

Se dice que antes de embarcar en el Titanic le dio un penique a cada uno de sus hijos. Dichos peniques aún son conservados por la familia.

Alfred Fleming Cunningham (Aprendiz de mecánico, 22 años).

Alfred Fleming Cunningham
Nació en Belfast en los últimos meses de 1.890. Era hijo de James Cunningham y Elizabeth Brooks, casados en Belfast en el verano de 1.885. Alfred tenía cinco hermanos: James (1.886), Rober (1.887), Lily Margaretta (1.892), Thomas (1.895) y Martha (1.897). Se crió en un hogar presbiteriano.

En el censo de 1.901 la familia aparece domiciliada en el 4 de Spamount, en el Dock Ward de Belfast, con su madre ya viuda y sus hermanos. Si recordamos lo que hemos dicho anteriormente sobre William Henry Campbell podemos comprobar que en el momento del censo de 1.901 tanto él como Alfred vivían en la misma calle, el primero en el número 47 y quien ahora nos ocupa en el 4, por tanto podemos suponer que se conocían e incluso fueran amigos.

4 de Spamount St, en la actualidad.
Ya en el censo de 1.911, Alfred y su familia residían en la misma calle pero en el número 96 y figuraba como mecánico de barcos.

Debió de llenarse de ilusión al ser elegido, al igual que su seguramente amigo William Campbell, para formar parte del grupo de garantía del Titanic. Y no lo dejamos aquí, además compartía pasaje con William y con Francis Parkes (de quien hablaremos más adelante) y, posiblemente, también camarote. Les fue asignado un camarote de primera clase, todo un lujo para lo que ellos estaban acostumbrados. Casi podemos verlos sentados en las literas comentando lo afortunados que eran.

Pero de nuevo la desgracia. El Titanic colisiona con el iceberg y se hunde unas horas después y tampoco Alfred consigue sobrevivir. Otra vida truncada. Su cuerpo nunca fue recuperado.

Anthony “Archie” Wood Frost (Mecánico capataz, 39 años).

Anthony Wood Frost
Anthony Wood Frost nació a finales de 1.873 en Hull, Yorkshire, Inglaterra. Fue bautizado el 26 de enero de 1.874 en la Holly Trinity Church de Hull.

Era hijo del mecánico de motor George William Frost y Elizabeth Wood. Se habían casado en Yorkshire en 1.868. Archie tenía ocho hermanos: los mellizos Charles Herbert y Jenny Wood (1.869), Edmund (1.871), Cate (1.872), Walter Stanley (1.878), Aaron (1.886), Septimus (1.884) y Annie (1.886).

Aparece por primera vez en el censo de 1.881 como visitante en la casa de su tía materna Harriet, en el 1 de Medley Street, Yorkshire. Su familia se trasladó a Belfast en esta época y Archie aparecen en el censo de 1.911 domiciliado ya en el 12 de Mount Street, en la Ormeau Road, en el sur de Belfast. En este censo Archie es descrito, al igual que su padre, como mecánico de motor.

 Holly Trinity Church de Hull, donde fue bautizado
Se casó en Belfast en los meses de verano de 1.901 con Elizabeth “Lizzie” Jane Hamilton. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Roberth John Hamilton (1.902- 1.986), Walter Stanley (1.905), Marjorie Wood (1.907 – 1.995) y Dorothy Abernethy (1.910). En el censo de 1.911 aparecen domiciliados en el 11 de Sunbury Avenue, Pottinger, al este de Belfast y en él, Archie aparece como mecánico de motor capataz.

Anthony Wood Frost






Fue seleccionado para embarcar en el Titanic como miembro del grupo de garantía con un pasaje de segunda clase, en concreto el número 239854. Antes de comenzar el viaje inaugural, mandó desde el puerto de Southampton una carta a uno de sus hijos, quien hacía poco se había caído de una bicicleta y se había lastimado una rodilla. La postal es una fotografía del puerto de Southampton, en ella Archie escribió:

“¿Qué te parecería pescar en este muelle? Procura no volver a caerte”.


Aquella carta fue la última noticia que tuvieron de él, pues Archie no tuvo mayor suerte que la de sus compañeros anteriores y también falleció en el naufragio y su cuerpo, si fue recuperado, nunca fue identificado. Su nieto Ian Frost aún se emociona al contar esto.

Postal que Anthony envió a su hijo desde Southampton. En ella se puede ver una fotografía del puerto.

Según cuenta, lo primero que supo la esposa de Archie era que el Titanic se había hundido, pero no sabía si su marido seguía vivo o no, incluso llegó a escuchar que el Titanic había sido remolcado y no había víctimas, pero en las oficinas de Harland & Wolff le confirmaron la muerte de Archie. Para ella fue una gran tragedia, ya que no sólo significaba la pérdida de su marido y padre de sus cuatro hijos sino también la pérdida de todos los ingresos de la casa.

La familia de Anthony Wood Frost aún guarda algunas de las herramientas que usaba en el astillero, entre ellas un silbato que usaba para llamar a sus compañeros. También conservan la carta de pésame que la White Star Line envió a su viuda.

Silbato de Anthony que aún conserva la familia. Una herramienta indispensable para la comunicación en los astilleros.


Fragmentos de la carta enviada por la White Star Line a la viuda de Anthony comunicándole su muerte y la indemnización por ella.



Robert Knight (Mecánico, 41 años).

Robert Knight
Nació en 1.871 en el condado de Antrim, Irlanda. Era hijo de William Knight y Jane Briggs. Era aprendiz de ingeniero y en 1.891 ingresó en los astilleros de Harland & Wolff como mecánico principal.

Se casó en Belfast en 1.894 con Sarah McEvoy, nativa de Escocia. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Jane (1.897), Robert (1.898), Joseph McEvoy (1.900) y William (1.904).

En el censo de 1.901 la familia aparece domiciliada en el 16 de Tasmania Street, en la Shaukill Road, al oeste de Belfast. Pero en el momento del censo de 1.911 se habían mudado al número 2 de Yarrow Street, en Clifton, al norte de Belfast. En ambas ocasiones, Robert es descrito como mecánico de motor. Además, era masón y se unió a la Logia Hertford.
Embarcó en el Titanic como miembro del grupo de garantía con pasaje de segunda clase (número 239855). Desgraciadamente corrió la misma suerte que sus compañeros y no logró sobrevivir al naufragio. Y su cuerpo, si fue recuperado, nunca fue identificado.

Francis “Frank” Parkes (Fontanero, 21 años).

Francis Parkes
Nació en Belfast, el 8 de noviembre de 1.890. Era hijo de James Parkes y Elizabeth Jervis. Su padre, oriundo del condado de Tyrone, trabajó como oficial de asistencia escolar. El matrimonio tuvo otros seis hijos además de Frank: Mattew James (1.887), Robert George (1.889), Charles (1.893), William Frederick (1.895), Elizabeth Mary (1.898) y Violet Maud (1.901).

En el censo de 1.901 la familia aprece domiciliada en el 76 de Richardson Street, en Ormeau Road, al sur de Belfast. Para el momento del censo de 1.911 la familia se había trasladado al 25 de Agincourt Avenue, Cromac, Belfast. En este registro, Francis figura como aprendiz de fontanero. Trabajó junto a varios de sus hermanos en varios campos de Harland & Wolff. Su padre era funcionario del Ayuntamiento de Belfast.




Richardson Street, en la actualidad.
25 de Agincourt Avenue, en la actualidad.

Embarcó en el Titanic como miembro del grupo de garantía con pasaje de segunda clase, compartido con William Campbell y Alfred Cunningham. Al igual que sus compañeros de pasaje, formar parte de este selecto grupo debía ser todo un honor para él y un orgullo para la familia. Pero una vez más llega la tragedia a la vida de este joven y fallece durante el hundimiento del Titanic. Y su cuerpo tampoco fue recuperado.
Según cuenta su sobrino, en su familia no se hablaba de la tragedia del Titanic porque resultaba embarazoso.

William Henry Marsh Parr (Asistente del gerente del departamento electricista, 30 años).

William Henry Marsh Parr
Nació en Hindley Green, Lancashire, Inglaterra, en los últimos meses de 1.882. Era hijo de John Turner Parr (1.854 – 1.915) y Hannah Marsh (1.849 – 1.922), ambos de Lancashire. Su padre, cuidador de oficinas, se casó con su madre en Manchester en 1.881 y tuvieron cinco hijos, de los cuales sólo tres sobrevivieron. Además de William, las otras dos supervivientes eran Hannah (1.884) y Fanny Ann (1.888), por tanto William era el mayor de los tres.
En el censo de 1.891 la familia aparece domiciliada en Charley New Road, Horwich, Lancashire, y se mantendrán ahí hasta el momento del censo de 1.901. En este último William es descrito como aprendiz de ingeniero eléctrico. Realizó sui aprendizaje en el Departamento Eléctrico del Ferrocarril de Lancashire y Yorkshire.

Se casó en Cheshire, en la segunda mitad de 1.910 con Gertrude Poole. Pero el trabajo de William les llevó a Belfast cuando empezó a trabajar como asistente del gerente del departamento de electricistas en Harland & Wolff para supervisar el acondicionamiento de los barcos.

En el censo de 1.911 la pareja aparece domiciliada en el 16 de Elaine Street, Cromac, en la zona sur de Belfast, y en él William es descrito como ingeniero eléctrico gerente. Más tarde tuvieron un hijo. William era, además, profesor en la Universidad de la Iglesia Metódica Dominical, donde fue un miembro muy respetado.

16 de Elaine Street, en la actualidad.

Embarcó en el Titanic como miembro del grupo de garantía, con pasaje de primera clase. De su estancia a bordo sólo sabemos que visitó al menos en una ocasión el gimnasio, puesto que en una fotografía de las realizadas por el padre Browne en esta estancia, Parr aparece en el fondo.


Fotografía realizada por el Francis Browne del gimnasio en la que, al fondo, aparece William Henry Marsh Parr.

Desgraciadamente su familia no volvería a saber nada de él, pues murió en el hundimiento del Titanic y su cuerpo, si fue recuperado, nunca fue identificado.

Ennis Hastings Watson (Aprendiz de electricista, 19 años).

Ennis Hastings Watson
Nació en Belfast, en los meses de primavera de 1.893. Era hijo del carpintero de barcos James Watson (1.856) y Sarah Jane Orr (1.857), naturales del Condado de Down, casados en Belfast en 1.883.

Ennis fue uno de los ocho hijos del matrimonio; sus hermanos eran Emilny Annie (1.883), Eva Maud (1.885), Adeline (1.886), James Pyper (1.889), Winifried (1.891); William Gilbert (1.895) y Sidney Herbert (1.898). Durante la infancia se criaron en este de Belfast en una casa iglesia.

Tanto en el censo de 1.901 como en el de 1.911, la familia aparece domiciliada en el 75 de Madrid Street, en Pottinger, al este de Belfast. En el censo de 1.911, Ennis ya es descrito como aprendiz de electricista.


75 de Madrid Street, en la actualidad.

Antes de su aprendizaje en Harland & Wolff, Ennis había sido educado en el Instituto Técnico Municipal de Belfast, donde estudió entre otras cosas, arte y electrónica, y donde fue ganador de carios premios a la excelencia en sus exámenes.

No es difícil imaginar la alegría y el orgullo tanto del propio Ennis como de su familia al ser seleccionado para formar parte del grupo de garantía del Titanic, donde ocuparía nada más y nada menos que un camarote de segunda clase. Pero la suerte tampoco estuvo de su lado, Ennis falleció junto al resto de sus compañeros durante el hundimiento. Su cuerpo, si fue recuperado, nunca fue identificado.

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Esta es la desoladora historia de los nueve componentes del grupo de garantía. La ilusión y la emoción transformada en pesadilla. También es una historia de honor y valentía, pues al no ser encontrados los cuerpos de ninguno de ellos y el hecho de que no haya apenas información sobre sus últimos momentos refleja que no intentaron siquiera embarcar en los botes salvavidas y se quedaron en el Titanic intentando mantenerlo con vida lo máximo posible. Hay testimonios que aseguran que Archie Frost y William Parr fueron vistos por última vez en la sala de máquinas intentando mantener las luces encendidas para que así pudieran salvarse más personas. También son conocidos los últimos momentos de Thomas Andrews, primero ayudando a los pasajeros a ponerse el chaleco salvavidas y guiándolos hacia los botes, y más tarde esperando el final en la sala de fumadores como hemos comentado antes. Y seguramente el resto de sus compañeros no pararan de trabajar, al igual que ellos, para ganar algo de más tiempo para el barco y toda la gente que había a bordo. Se sacrificaron por darles unos minutos más a los demás.

Sus descendientes coinciden en que los restos del Titanic no deben ser extraídos del fondo del mar y no deben hacerse subastas con los objetos recuperados, pues lo consideran la tumba de sus familiares y un monumento al trabajo de Belfast.

Memorial a las víctimas del Titanic procedentes de Belfast. (Fotografía cortesía de José J. Carrillo)

Inscripción del memorial de Belfast. (Fotografía cortesía de José J. Carrillo)

Inscripción con los nombres de las víctimas procedentes de Belfast. (Fotografía cortesía de José J. Carrillo)

Esta entrada va dedicada a aquellos nueve hombres que dieron la vida al Titanic y que murieron con él y por él. Que su historia no caiga en el olvido.


[María Neira Domínguez]

domingo, 6 de marzo de 2016

Charlotte Collyer, un testimonio desgarrador

En esta entrada vamos a ver la evolución de las emociones que seguramente muchos de los pasajeros del Titanic vivieron: de la ilusión y plena confianza en el buque hasta la desesperación por no encontrar a sus familiares a bordo del Carpathia, pasando cómo no, por las dudas y las despedidas. Realizaremos este viaje a través del testimonio de Charlotte Collyer ya que, a mi parecer, es el que mejor refleja dicha evolución. Comencemos con una pequeña biografía para entender mejor la situación.


Charlotte Collyer nació en Cobham, Surrey, Inglaterra, el 1 de octubre de 1.881. Allá por 1.901 había dejado la casa familiar y trabajaba como cocinera doméstica para el Reverendo Sydney Sedwick, un clérigo que vivía en Fanfield Hill, Leatherhead. Fue en la iglesia donde conoció a su futuro marido, Harvey Collyer, nacido en 1.880, quien era el enterrador y sacristán de la iglesia.

Tuvieron una hija, Marjorie Lottie, nacida el 28 de enero de 1.904. Un año después Charlotte y Harvey se casaron, el 5 de mayo de 1.905.


Harvey, Marjorie y Charlotte Collyer

La familia se mudó a Bishoptoke, Hampshire, siguiendo al Reverendo Sedgwick. Harvey continuaría su trabajo como enterrador, en el consejo de la iglesia y como campanero, además abrió una tienda en la ciudad. Charlotte por su parte continuó trabajando en la iglesia. Como cabe imaginar, la familia era muy respetada en su comunidad.

Algunos amigos de la familia habían viajado a Idaho varios años antes y habían tenido éxito con una granja. Estos amigos le escribieron a los Collyer contándoles sus buenas noticias y les aconsejaron hacer lo mismo que ellos. En un principio no consideraron seriamente la propuesta, pero Charlotte comenzó a tener problemas respiratorios, así que decidieron comprar una granja en la misma zona que sus amigos. La familia no se lo pensó más y se hicieron con tres billetes de segunda clase del Titanic. El día antes de partir, los miembros de comunidad les hicieron una fiesta de despedida, como relata Charlotte:
“El día anterior al que teníamos que zarpar nuestros vecinos hicieron mucho por nosotros, parecía que cientos de personas fueron citadas para decirnos adiós y por la tarde varios miembros de la iglesia le prepararon una sorpresa a mi marido. Le sentaron bajo un viejo árbol en el cementerio y algunos subieron al campanario y, en su honor, hicieron sonar todas las campanas que pudieron. Duró más de una hora, pero él estaba muy agradecido. De alguna manera me entristeció. Hicieron sonar las viejas solemnes campanas, así como las nuevas y para mí fue mucho más que una ceremonia de despedida…”

 Horas antes de partir, ya en Southampton la familia fue a sacar todo su dinero.
“La mañana siguiente fuimos a Southampton y mi marido sacó del banco todo su dinero, incluyendo la suma que había recibido por la venta de nuestro negocio. El empleado le preguntó si no quería un bosquejo, pero él sacudió la cabeza y metió los billetes en la cartera, la cual llevó hasta el final dentro del bolsillo interior de su abrigo. Eran varios miles de dólares en dinero americano. Ya habíamos mandado algunas pertenencias que habíamos cogido de nuestra antigua casa, así que cuando embarcamos en el Titanic todas nuestras posesiones estaban con nosotros.”

Y al fin llega el momento de ver por primera vez al Titanic y el embarque en el mismo.
“Estábamos viajando en cabinas de segunda clase y desde nuestra cubierta, la cual estaba situada bien delante, vimos la gran despedida que se le dio al barco. No creo que haya habido nunca una multitud tan grande en Southampton y no estoy sorprendida de que se reunieran. El Titanic era maravilloso, mucho más espléndido y grande de lo que había soñado. Las otras embarcaciones en el puerto eran como pequeñas conchas a su lado y esos eran los barcos de la American y otras navieras que hacía unos pocos años parecían enormes. Recuerdo que un amigo me dijo ‘¿No tienes miedo de aventurarte en el mar?’ pero entonces yo estaba muy confiada ‘¡¿Qué?! ¡¿En este barco?! Ni la peor tormenta podría dañarlo’ le contesté.”

En este fragmento del testimonio de Charlotte refleja perfectamente el impacto que causaba su tamaño y su belleza, que hacía que los grandes barcos de unos años atrás parecieran diminutos a su lado. Además, podemos ver la ilusión y la confianza depositada en el “buque insumergible” ¿qué podía salir mal en un barco como aquel, tan enorme y maravilloso? Podéis conocer más testimonios acerca de este momento del 10 de abril de 1.912 en esta entrada.

Aunque los primeros días Charlotte apenas salió de su camarote, recuerda bien la noche del hundimiento:
"No recuerdo mucho de los primeros días de la travesía. Estaba un poco mareada y me quedé en la cabina la mayor parte del tiempo. Pero el sábado 14 de abril estaba levantada. A la hora de la cena estaba en mi sitio en el salón y disfruté de la comida, aunque pensaba que era demasiado pesada y rica. No escatimaron esfuerzos ese sábado en darle incluso a los pasajeros de segunda clase la mejor comida que el dinero podía comprar. Tras la cena escuché a la orquesta durante un rato. Más tarde, a las nueve o nueve y media me fui a mi camarote."

Charlotte relató una conversación con una camarera que tras la cena del sábado le había comentado que habían llegado a una zona de aguas peligrosas:
“No me había subido a mi litera cuando una camarera entró. Era una mujer dulce que había sido muy amable conmigo. Aproveché esa oportunidad para agradecerle por si no la volvía a ver de nuevo. Se hundió con el Titanic. '¿Sabe dónde estamos?’ dijo amablemente, ‘estamos en lo que llaman el agujero del diablo’. ‘¿Qué significa eso?’ pregunté. ‘Que es una zona peligrosa del océano’, respondió. ‘Aquí cerca ha habido muchos accidentes. Dicen que los icebergs van a la deriva. Está empezando a hacer mucho frío en cubierta así que quizás haya hielo a nuestro alrededor’. Se marchó de la cabina y pronto me dormí, su charla sobre icebergs no me había asustado, pero demostraba que la tripulación estaba atenta al peligro. Hasta donde puedo decir no habíamos aminorado la velocidad lo más mínimo.”

Aquí seguimos viendo la total confianza en el barco y su tripulación. Aun sabiendo que estaban en una zona con peligro de icebergs y que había habido muchos accidentes por culpa de éstos, Charlotte sigue sintiéndose segura. Nada puede ocurrirle a aquel poderoso buque. Respecto a la camarera que Charlotte describe puede referirse Catherine Walsh, a la cual Selena Rogers Cook (pasajera de segunda clase, camarote F-33) la describe como una azafata muy agradable; o bien podría tratarse de Lucy Snape. Ambas eran camareras de segunda clase y perecieron en el naufragio.

Noche del 14 de abril, 23:40 h., el Titanic choca con el iceberg. La previsión de peligro de la camarera se vuelve realidad.  Mrs. Collyer describe así este momento:
“Debió ser un poco después de las diez cuando mi marido vino y me despertó. Se sentó y me habló durante no sé cuánto tiempo, hasta que estuvo listo para irse a la cama. ¡Y luego el choque! Mi sensación fue como de que el barco había sido agarrado por una mano gigante y lo agitado una vez, dos veces y luego se detuvo en su curso. Es decir, hubo un tirón largo hacia atrás y luego otro más corto. No me echó de la cama y mi marido sólo se tambaleó un poco. No oímos sonidos extraños, ni desgarro de las placas ni de la carpintería, pero notamos que los motores habían parado. Intentaron poner en marcha los motores minutos después pero tras hacer unos ruidos hubo silencio de nuevo.”

Como vemos, la sacudida no fue muy grande en el camarote de nuestros protagonistaS. Charlotte destaca sobretodo el sonido de los motores deteniéndose e intentando volver a funcionar.

Al igual que la mayoría de pasajeros, salieron de sus camarotes a ver qué ocurría. Fue en este momento cuando ocurrió lo siguiente:
“De repente hubo una conmoción cerca de una de las escotillas y vimos a un fogonero escalando desde abajo. Paró unos pies por debajo de nosotros. Se había cortado todos los dedos de una mano. La sangre corría por sus muñones y su cara y su ropa estaba salpicada. Las manchas rojas se veían claramente entre la suciedad del carbón de la cual estaba cubierto. Me acerqué y le hablé. Le pregunté si había algún peligro. Él contestó gritando tan fuerte como pudo ‘¡Peligro, eso debería decir! Ahí abajo está el infierno, míreme. Este barco se hundirá como una piedra en diez minutos.’ Se tambaleó hacia atrás y se cayó, golpeándose la cabeza con un rollo de cuerda. En ese momento tuve mi primer empujón de miedo (un miedo enfermizo horrible). Ese pobre hombre con su mano ensangrentada y su cara manchada trajo una imagen de motores rotos y cuerpos humanos destrozados. Me agarré del brazo de mi marido y a pesar de que era muy valiente y no estaba temblando, vi que su cara estaba blanca como el papel. Comprendimos que el accidente era mucho peor de lo que suponíamos, pero incluso entonces yo y todos los que estaban cerca de mí de los que conocía no creíamos que el Titanic se fuera hundir.”

No sabemos si lo que cuenta aquí es verídico o lo contó para dar aún más dramatismo a lo ocurrido, no he encontrado ningún otro testimonio que relate esto mismo, pero sí que la pasajera de primera clase Ruth Becker relata que en su bote (nº 13) había varios fogoneros y que "el dedo de uno de ellos estaba casi cercenado" y con un pañuelo de su padre le ayudó a vendarse. Estos fogoneros eran Frederick Barrett, George William Beauchamp, James Crimmins y William James Major. No sabemos si al que Ruth se refiere es al mismo que menciona Charlotte, lo que está claro es que tras el impacto varios de los fogoneros resultaron heridos.

Aquí nos encontramos con una situación bastante diferente a las anteriores, Charlotte describe el miedo enfermizo horrible que sintió al saber que estaban en peligro y que el accidente era más grave de lo que pensaba. Seguramente se le vendría a la cabeza la conversación con la camarera hacía apenas unas horas. No obstante, aún seguía confiando en el barco. Al fin y al cabo el Titanic no se podía hundir.



Entonces llega el momento de arriar los botes y lo recuerda así:
"Sobre el clamor de la gente preguntándose unos a otros llegó las terribles palabras '¡Bajen los botes!¡Mujeres y niños primero!' Golpearon mi corazón con un terror absoluto y ahora resonarán en mis oídos hasta que muera. Significaban mi propia salvación, pero también la mayor pérdida que he sufrido nunca, la vida de mi marido." 

Tanto Charlotte como su hija embarcaron en el bote 14, aunque no de buena gana:
“El tercer bote estaba medio lleno cuando un marinero cogió a Marjorie en sus brazos, la alejó de mí y la lanzó al bote. ¡No le dieron la oportunidad de despedirse de su padre! ‘¡Usted también!’ gritó un hombre cerca de mi oído. ‘Es una mujer, tome un sitio en el bote o será demasiado tarde’ La cubierta parecía estar deslizándose bajo mis pies. Se inclinaba en un ángulo agudo, luego el barco se fue hundiendo rápido, proa abajo. Me aferraba desesperadamente a mi marido. No sé qué dije, pero siempre estaré feliz de pensar que no le quise dejar. Un hombre me agarró por el brazo y luego otro lanzó sus dos brazos alrededor de mi cintura y me arrastró lejos por la fuerza. Oí a mi marido decir ‘¡Ve, Lotty, por el amor de Dios sé valiente y ve! ¡Conseguiré sitio en otro bote!’ Los hombres que me sostenían me arrastraron por la cubierta y me lanzaron al bote. Aterricé en un hombro y me lastimé. Otra mujer fue amontonada después de mí, pero me levanté y vi sobre sus cabezas la espalda de mi marido que caminaba de manera constante por la cubierta y desapareció entre los hombres. Su rostro estaba vuelto así que nunca lo volví a ver, pero sé que no tuvo miedo a la muerte.”

Como muchas de las mujeres del Titanic, Charlotte se negaba subir al bote y a abandonar a su marido. Según sus palabras los miembros de la tripulación cogieron a Marjorie y la metieron en el bote a la fuerza, sin dejar que se despidiera de su padre. Con ella misma tampoco fueron mucho más delicados, pues la separaron por la fuerza de su marido, haciendo que se lastimara al caer al bote, ya que se le enganchó el pelo en una sujeción de los remos y le arrancó un mechón considerable, tal y como recuerda su hija, tardó un tiempo en recuperarse de aquello. Podemos imaginarnos la desesperación de debió sentir al verse separada de su marido al que, aun teniendo fe en que se salvaría, sabía que posiblemente no le volvería a ver más.

Describió los cohetes de auxilio que se lanzaron aquella noche de la siguiente forma:
"Millones de chispas se lanzaron al cielo, como cohetes en un parque en una noche de vacaciones de verano. Este chorro rojo tenía forma de aspas cuando llegaba arriba, pero las chispas descendían en todas direcciones con la forma de una fuente de fuego."

Una de las partes más impactantes del testimonio es sin duda la que viene a continuación:
“El bote estaba prácticamente lleno y no había más mujeres cerca cuando el Quinto Oficial Lowe saltó y ordenó bajarlo. Los marineros en la cubierta habían empezado a obedecerle cuando pasó una cosa muy triste. Un joven muchacho no más que un escolar, un muchacho de mejillas rosadas, suficientemente pequeño como para ser contado como un niño, estaba junto a la baranda. No hizo el intento de subir por la fuerza en el bote, aunque sus ojos se habían fijado lastimosamente en el oficial. Ahora cuando se dio cuenta de que realmente se iba a quedar atrás su coraje le falló. Con un llanto subió a la barandilla y saltó hacia el bote. Cayó en las manos de nosotras, las mujeres, y se arrastró bajo un asiento. Otra mujer y yo le cubrimos con nuestras faldas. Queríamos darle una oportunidad al pobre muchacho, pero el oficial le puso de pie y le ordenó volver al barco. Nosotras rogamos por su vida. Recuerdo que decía que no ocuparía mucho espacio, pero el oficial sacó su revólver y lo puso junto a su cara. ‘Te doy diez segundos para volver al barco antes de que expanda tus sesos’ gritó. El muchacho rogó con más fuerzas y pensé que vería cómo le disparaban. Pero el oficial de repente cambió su tono. Bajó el revólver y miró directamente a los ojos del muchacho. ‘¡Por el amor de Dios, sé un hombre!’ dijo amablemente. ‘Llevamos mujeres y niños’. El pequeño muchacho miró alrededor y subió por la barandilla sin decir una palabra. No se había salvado. Todas las mujeres a mi alrededor estaban sollozando y vi a mi pequeña Marjorie coger la mano del oficial. ‘¡Oh Señor Hombre no dispare, por favor, no dispare al pobre hombre!’ decía y él apretó su mano al tiempo que sacudía la cabeza y sonreía.”

Posiblemente el joven sea Alfred Gaskell que iba a Canadá en segunda clase con Joseph Fynney. En este fragmento hemos podido apreciar otro momento bastante dramático. Podemos imaginarnos el sobrecogimiento que debió producir a todos los ocupantes del bote ver como ese chico rogaba por su vida y Lowe le amenazaba y como finalmente el joven abandonó el bote. Tampoco podemos dar veracidad total a esta parte del testimonio.

Charlotte tampoco pudo olvidar los llantos de los que lentamente perecían en las frías aguas al igual que relataron gran parte de los supervivientes de la tragedia:


"Las abejas eran hombres y habían roto su silencio. Los llantos más terribles que había oído resonaban en mis oídos."

También relata el rescate de un japonés en el agua:
"Un poco más adelante vimos una puerta flotando que debió desprenderse cuando el barco se hundió. Tumbado sobre ella, bocabajo, había un pequeño japonés. Se había atado a si mismo con una cuerda a su frágil balsa, usando las bisagras rotas para hacer nudos seguros. Hasta donde podíamos ver, estaba muerto. El mar le mojaba cada vez que la puerta se balanceaba arriba y abajo, y él estaba rígido. No respondió cuando le llamaron y el oficial dudó si salvarlo. "¿Cuál es su utilidad?" dijo Mr. Lowe. "¡Está muerto al parecer, y si no lo está hay otros que merecen más la pena ser salvados que un japonés!" Había dado la vuelta con nuestro bote, pero cambió de opinión y volvió atrás. Subieron al japonés abordo y una mujer le frotó el pecho mientras otras le calentaban las manos y los pies. En menos tiempo del que toma contarlo abrió los ojos. Nos habló en su lengua; entonces viendo que no le entendíamos se puso en pie, estiró los brazos por encima de la cabeza y pateó el suelo, y en cinco minutos o así había recuperado sus fuerzas. Uno de los marineros cerca de él estaba tan cansado que apenas podía remar. El japonés rápidamente le quitó de su sitio, cogió su remo y trabajó como un héroe hasta que finalmente fuimos rescatados. Vi a Mr. Lowe mirarle con la boca abierta "¡Por dios!" murmuró el oficial, "Estoy avergonzado de lo dije que del pequeño tipo. Le volvería salvar seis veces si tuviera la oportunidad."

En realidad, el hombre debía era el chino Fang Lang. El único japonés abordo del Titanic era Masabumi Hosono que embarcó en el bote 10. 

Al igual que otros pasajeros Charlotte pudo ver las sombras de los enormes icebergs:
"Fue entonces cuando vi por primera vez el iceberg que había causado el terrible daño. Se alzaba en el claro cielo, una montaña blanca azulada, muy cerca de nosotros. Otros dos icebergs estaban muy cerca, como cumbres gemelas. Luego creo que vi tres o cuatro más, pero no estoy segura. Hielo suelto flotaba en el agua. Hacía mucho frío. Nos habíamos alejado una media milla cuando el oficial ordenó a los hombres que pararan de remar." 

Llegamos al Carpathia y Collyer lo relata de la siguiente manera:
“No había nadie que no se hubiera separado de su marido, hijo o amigo. ¿Se salvó entre el último puñado? Sólo podíamos correr frenéticamente de grupo a grupo, buscando las caras demacradas, gritando nuestros nombres y preguntas interminables. Ningún superviviente sabía mejor que yo la amarga crueldad de la desilusión y la desesperación. Tenía un marido al que buscar, un marido a quien, en la grandeza de mi fe, creía que encontraría en uno de los botes. Él no estaba allí.”

Y finalmente nos encontramos con el descorazonador momento de la búsqueda de los seres queridos en el Carpathia. Describe las caras de los supervivientes, demacradas por el frío pasado y el dolor por sus pérdidas. Relata además el momento en el que el atisbo de esperanza que le quedaba se desvanece al entender que ha perdido a su marido, que lo que ha ocurrido es real, que se ha ido a pesar de su fe en que él había conseguido embarcar en otro bote. Este es posiblemente el fragmento más desgarrador del testimonio, con esa última frase "Él no estaba allí" casi podemos sentir ese mazazo de realidad a pesar de la incredulidad que debían sentir.
Charlotte y Marjorie tras el hundimiento del Titanic.
En esta foto podemos ver a Charlotte y su hija en los días posteriores al hundimiento, aún con una manta de la White Star Line. En sus rostros podemos ver la desolación y el dolor. Ya nada volvería a ser lo mismo. En este caso podemos decir que una imagen vale más que mil palabras...


Al llegar a Nueva York escribió una carta a su madre que decía así:
Brooklyn, Nueva YorkDomingo 21 Abril
Mi querida madre y todos. No sé cómo escribirte ni qué decirte, a veces siento que me volveré loca pero querida tanto me duele el corazón que sufre por ti también, porque él es tu hijo y lo mejor que jamás haya existido.  No había perdido la esperanza hasta hoy de qué me podría encontrar, pero me han dicho que ya estaban todos los barcos. Oh madre ¿cómo puedo vivir sin él? Ojalá me hubiera ido con él, si no me hubieran arrancado a Madge (Marjorie) me debería haber quedado e ido con él. Pero la metieron en el bote y me empujaron a mí dentro, pero él estaba tan tranquilo y sé que habría preferido que yo sobreviviera por su pequeño amor o de otro modo habría quedado huérfana. No puedo contar la agonía de aquella noche. El pobre se congeló. He estado enferma, pero me ha atendido un médico de ricos de Nueva York y ya me siento mejor. Nos están dando todas las comodidades posibles y han recaudado unas cuantas libras para nosotros y no dan ropa. El lunes un caballero nos llevará a la oficina de la White Star y a otra oficina para darnos algo de dinero de los fondos que se están recaudando aquí. Oh madre hay tantos corazones buenos en Nueva York... Algunos quieren que me vaya de nuevo a Inglaterra, pero no puedo, nunca podría, al menos no todavía, abandonar la tierra donde mi todo está durmiendo.
A veces siento que vivíamos demasiado el uno por el otro y por eso le he perdido. Pero madre, nos reuniremos con él en el cielo. Cuando la banda tocó "Nearer my God to Thee" sé que se acordó de ti y de mí porque amamos ese himno y siento como si fuera a Payette. Estoy haciendo lo que él querría, así que espero hacer esto al final de la próxima semana, donde tendré amigos y trabajo y voy a trabajar para su amada hija mientras ella me necesite. On ella es un consuelo, pero no comprende aún que su papá está en el cielo. Hay algunos niños encantadores que le han dado juguetes, pero cuando esté a solas con ella le echará de menos. Oh madre no tengo nada en el mundo que sea suyo, sólo sus anillos. Todo lo que teníamos se ha hundido. ¿Podrías, querida madre, mandarme la última foto que tenemos juntos? Te la pagaré más adelante. El hermano de Mrs Hallets de Chicago está haciendo todo lo que puede por nosotros, de hecho, la noche que llegamos a Nueva York (en camisón) había contratado una habitación en un hotel grande con comida y todas las comodidades nos estaban esperando. Ha sido un padre para nosotras. Te mandaré una carta con su dirección (My Horder), tal vez te gustaría escribirle alguna vez.
Dios te bendiga querida madre y ayuda y consuelo para ti en ese terrible dolor. Tu hija que te quiere, Lot.

Esta sobrecogedora carta nos hace ver el dolor que sentía Charlotte por la pérdida de su marido. Y cómo su intención era la de seguir adelante por su hija porque eso es lo que él hubiera querido.

Finalmente, Charlotte recibió ayudas de varios fondos de ayuda, pero no se asentaron en EE.UU. como estaba previsto y regresó a Inglaterra, donde a finales de 1.914 se volvió a casar, algo que no agradó a la familia de su difunto marido.

Murió de tuberculosis el 28 de noviembre de 1.916, con sólo 35 años. Tres años después murió James Holmes, su segundo marido, así que Marjorie fue criada por su tío Walter Collyer.

Espero que con esta entrada hayáis podido imaginar lo que debieron sentir muchos de los pasajeros del Titanic desde que embarcaron hasta el fatídico final. Ilusión, esperanza, duda, miedo, desolación... Todo ello en los cuatro días que duró el viaje inaugural del Titanic. A veces caemos en el error de pensar que el hundimiento del Titanic son cifras, y no, detrás de cada número hay un nombre y detrás de cada nombre una persona con su historia, sus sueños y sus emociones que, seguramente, no son muy diferentes a las que nosotros sentiríamos hoy en día, cien años después, si nos ocurriera algo parecido. Esta entrada va dedicada a ellos y a todos los que se emocionan al contar, oír o leer sus historias.



[María Neira Domínguez]